Afortunadamente ha existido la camaradería de los vecinos en las diversas comunidades, quienes han optado por unir sus fuerzas y crean sistemas de seguridad y códigos entre los habitantes

En el país con las mayores reservas petroleras mundiales y donde el consumismo desenfrenado supo ser norma por décadas incluso bajo el socialismo chavista, hoy las calles, las casas y los centros comerciales solo exhiben soledad, colas para comprar velas y fósforos para enfrentar el terror de la oscuridad y la sensación de “pueblo fantasma” al estilo de Silent Hill donde cada día es un misterio para los venezolanos.

La historia de la noche se desarrolla en un país donde la escasez de alimentos, medicinas y productos básicos son un mal crónico. Sin embargo, las velas y los fósforos, como era de esperar en una nación marcada por la renta petrolera, habían permanecido inmunes. Se podían conseguir en las diferentes tiendas, algunas renombradas por sus diferentes aromas y usadas en el área de la decoración.

Ante el desespero por los racionamientos eléctricos de largas horas que padecen numerosos habitantes debido a los controles gubernamentales, ocasionado según el presidente Nicolás Maduro por la sequía provocada por el fenómeno atmosférico “El Niño”, dichos rubros se sumaron a la lista de escasos y en diversos locales han optado por vender velas y fósforo por el número de cédula.

En medio de la oscuridad las personas temen ser atacados al estilo de Jack El Destripador, quien aprovechaba de asesinar a sus víctimas en las noches y cuando no había luz, pues el hampa abunda y hace sus fechorías.

Los venezolanos son gente sencilla, algunos han vivido con humildad y otros han podido tener riquezas. Sin embargo, tienen algo en común, deben estar siempre alertas, pues la soledad y el temor que rodea la oscuridad se convirtieron en el día a día.

Afortunadamente ha existido la camaradería de los vecinos en las diversas comunidades, quienes han optado por unir sus fuerzas y crean sistemas de seguridad y códigos entre los habitantes entre los que figuran “pitazos”, así como la recolección de palos y botellas para defenderse, además de constantes reuniones.  Todo con tal de defenderse del monstruo de la inseguridad que les asecha en las noches.

Todos los relojes se paran y se empiezan a escuchar ruidos extraños, pisadas, risas, a veces algunos gritos procedentes de la calle, mientras que algunos se quedan encerrados y sin poder salir, puesto que nadie se asoma así escuchen algún sonido estruendoso. Ni siquiera la Sayona se atreve a salir puesto que ya la inseguridad no le teme ni a los espantos tan reales como Annabelle.

 

En medio del caos eléctrico que se vive diariamente en los estados de Venezuela, sobrevivir a la noche llena de peligros se convirtió en la nueva regla. Cuando llega la mañana las cosas no cambian mucho. Toca iniciar la búsqueda desesperada por encontrar fósforos y velas, una expedición que se encuentra rodeada por la incertidumbre de saber si lograrás tu cometido o te sumirás en la oscurana nuevamente esta noche.

Lee También:
[Videos 2016] Así están las cosas en las colas de Venezuela

La historia de una joven que no podía bañarse