Según la Real Academia Española, miseria se define como estrechez o pobreza extrema. Para el venezolano promedio; miseria es que ni siquiera con un nuevo aumento del sueldo mínimo, pueda costearse la compra del mes.

El presidente anunció el quinto aumento del salario mínimo: 40% para el sueldo base y 4 Unidades Tributarias para el bono de alimentación, lo que lo deja en Bs.F. 325.544. Si lo llevamos a la tasa de cambio del mercado paralelo, es el equivalente a $16 mensuales.

Sacando cuentas, el “aumento” es de Bs.F. 2500 diarios. 2500 que no alcanzan para una empanada o un chocolate en el kiosko de la esquina. “Aumento”, así entre comillas, porque es de mentira. Porque no ha habido un aumento de la productividad o en los recursos que permita hacerlo efectivo. Aumento de mentira, porque lo que aumentará será el desempleo porque las empresas no podrán costearlo.
Para más señas, el cebo del aumento vino acompañado con la fijación del precio máximo de 50 rubros distintos. Hace unos meses, cuando vimos algo parecido, vivimos el boom de los bachaqueros y la desaparición forzada de varios alimentos de las neveras del venezolano común. Porque si tuviésemos el chance de asomarnos en las neveras de Miraflores, les aseguro que allí estaría todo lo que no se encuentra en los supermercados y un poquito más.

Los del régimen se llenan la bocota diciendo que en la cuarta se comía Perrarina. Lo que callan es que en la quinta, los dueños abandonan a sus mascotas en la calle porque es imposible mantenerlas. A fuerza de estafas y chapucerías maquiavélicas, los cabecillas del régimen siguen tratando de encontrar la fórmula mágica que los salve del infierno que se han ganado a pulso.

Pero como la mentira no dura para siempre, a nosotros nos toca aclarar. Este quinto aumento del salario mínimo hace otra cosa sino complicar más nuestro día a día.  ¿Será que hay alguna forma para que entiendan que todos los controles fomentan la escasez y  crean el ambiente perfecto para el fortalecimiento de los mercados negros?