Lian Xin. 18 años. China.

Nació el 03 de diciembre de 1996 en Pekín. La capital del gigante asiático. Conocido por ser uno de los lugares con más polución en el mundo, pero también por alimentar con no sé qué carajo para que las asiáticas desarrollen un tamaño de senos espectaculares.

Porque Lian Xin es una de las modelos eróticas más influyentes de China, gracias al par de air-bags en su pecho.

Sin embargo, antes del coñazo que le pegó la pubertad, era una niña china como cualquiera, se pudo haber llamado Fu Man Chu e igual pasaría desapercibida entre el millar de chinos que diario recorren las calles de la capital.

Ingreso en la secundaria Kim Hok Xo, un instituto que solo admitía especímenes del género femenino, así que Lian Xin, atendió sus estudios en medio de una gran comunidad de mujeres.

En consecuencia, y debido a la cercanía con las demás alumnas, creció en su pantaleta, un gran interés por personas de su mismo sexo.

Tras dejar atrás la pubertad y el colegio, se aseguró de darle un buen uso al par de dones que se habían formado en su pecho. Contactando con revistas para adultos, para ofrecer a cada par de retinas de niños vírgenes, la posibilidad de verla desnuda.
Al principio, no tuvo suerte, e iba tachando el número de aquellas revistas que la iban dejando en visto.
Luego de unos días, de seguir insistiendo, y no obtener resultado, viajó al sur para visitar una de empresas de revistas que le había negado la posibilidad.
De inmediato, al entrar recibió muchas vibraciones que se detenían en su cuerpo, así que, armada de confianza, no se detuvo a preguntar en recepción, sino que siguió derecho hasta las instancias administrativas.
Al sostener una conversación con uno de los directivos y explicarle la ventaja de contratarla, los hombres, inmediatamente aceptaron.

Así que ese fue el inicio del éxito de Xian Lin, que después pasó a formar parte del mundo del porno.

Sin embargo, la galería que vamos a mostrar en unos segundos, fue de las primeras en realizar.

En el bosque, con un vestido negro que revela las razones de su éxito, mira fijamente a la cámara, y en medio del hechizo, va, de a poco, bajándose el cierre para fundirse con la naturaleza. O el espectador. Quién sabe.


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