Muchos personajes de alto rendimiento comparten un pequeño y sucio secreto: En el fondo sienten que son un gran fraude; como si sus logros solo fuesen producto de una suerte fortuita.

Este fenómeno psicológico es conocido como síndrome del impostor. El término se acuñó en 1978 y los especialistas lo describen como una sensación de “falsedad que se presenta en personas que creen que no son inteligentes; capaces o creativas a pesar de que sus logros son un testamento de lo contrario”.

Ouch… ¿Te suena familiar?


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Uno de los problemas con el síndrome de impostor es que a menudo es presentado como un defecto interno que las personas deben reconocer y corregir. Pero, si somos honestos, toda nueva situación o entorno seguramente te va a causar algo de ansiedad e incomodidad; eso no significa que estés plagado por el síndrome del impostor. De hecho, usar este término tan rápidamente puede descartar los problemas subyacentes que causan esos sentimientos.

En muchos casos, esa sensación de impostor es la suma de muchos factores ambientales. Por ejemplo, si no estás rodeado de personas que se parecen a ti o hay estereotipos percibidos sobre tu raza, edad o género, seguramente sentirás que no perteneces.

Si bien el camino para aceptar tu condición de “impostor” no es sencillo, es importante recordar que es perfectamente normal; especialmente ahora que las redes sociales han hecho que sea más fácil que nunca compararte con los demás.

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