No soy hater pero es una etiqueta que muchos me han puesto. La acepto y la llevo a todos lados como los militares venezolanos lo hacen con sus insignias de latón. ¿Por qué? Porque en la sociedad moderna, odiar es cool. Tanto que el término hater es un adjetivo que se ha puesto de moda y tiene un aparataje inmenso detrás.

El hater empezó a aparecer en Estados Unidos en el rap de los noventa y ha vuelto a la palestra a raíz del auge de la cultura del hip-hop. Evidentemente, la palabra hater –o su sinónimo en español, odiador– caracteriza a la persona en cuestión como alguien que “odia” algo o alguien.
El odio, más que una emoción negativa, es la otra cara del amor. Para odiar algo, de una u otra manera tiene que importarte. De no ser así, simplemente te es indiferente. Sin embargo, hay algo en la connotación del término hater que molesta. La palabrita va acompañada del juicio de quien la pronuncia.
Cuando alguien te dice “hater”, básicamente está invalidando tu opinión porque va en contra de la suya.

El adjetivo hater sirve para negar, de forma muy sutil, cualquier crítica que pueda dañar la reputación intachable de eso que estás criticando. Esto se refleja directamente en la persona que lo aprecia. Entonces, si dices “ojalá termine la moda del regguetón y la música urbana”, no faltará algún fan empedernido que lo tome como un ataque personal y se defienda llamándote hater.
Según la mayoría de las personas que usan la palabra, el odiador de oficio odia sólo por odiar; para ir contracorriente y ser cool. Pero seamos honestos, ser odiador de oficio implica odiarlo todo y ¿quién puede odiar absolutamente todo?

Nueve veces de diez, al hater le dicen así por tener una opinión diferente a la masa y te lo voy a comprobar. Todos recordamos los infames MTV awards de 2009, donde nació una de las rivalidades más grandes de las últimas décadas: La de Taylor Swift y Kanye West.

Si no te acuerdas, o te estás haciendo el loco; vamos a hacer un resumen: La Swift acababa de ganar el premio a mejor video de artista femenino. En medio de la pantomima que la rubia monta cada vez que le dan un reconocimiento, Kanye se subió al escenario y la interrumpió.

“Taylor, estoy muy feliz por ti y te dejaré terminar, pero Beyoncé tiene uno de los mejores videos de todos los tiempos. ¡De todos los tiempos!” Bastó que el rapero terminara esa oración y se encogiera de hombros para que en la cultura pop nacieran dos bandos: Team Taylor y Team Kanye. Todo el mundo y su mamá llamaron a Kanye un hater, ¡hasta Obama! ¿Pero en realidad lo fue?

Estemos claros, Ye es un tipo talentoso pero raro.

Mr. West no tiene filtro; además no le importa mucho incomodar a la gente y hacerse de enemigos. Esa noche de 2009, ¿se pasó de hater? No. Simplemente lanzó una crítica que, a su juicio, tenía bases sólidas. Si le hubiesen preguntado en privado, seguramente su respuesta sería la misma. Ahora, que lo haya hecho en el lugar y momento menos adecuados es otra historia.

 

Si le dices a tu pareja que lo que lleva puesto no le queda bien, ¿estás siendo hater? Cuando le gritas al televisor porque tu equipo favorito está jugando de la patada, ¿estás siendo hater? La respuesta en ambos casos es una sola: NO. Estás expresando una opinión y opiniones hay tantas como individuos.

Además, si tu opinión está bien cimentada dudo que vaya a cambiar dependiendo de quién esté a tu alrededor. A todo le damos like, pero ¿es políticamente incorrecto decir públicamente cuando algo no te gusta? Más importante aún, ¿tiene sentido vivir en un mundo en el que no podemos decir lo que pensamos por temor a ser llamados de cierta forma por una sociedad subordinada y homogeneizada?

 

¡No! ¡Primero muerta que parte de la masa!
Si me quieren decir hater por tener una opinión, que lo hagan.