Todos pensábamos que el mundo del porno era una cosa mágica. Que ese receptáculo sagrado solo se prestaba para brindar toneladas de diversión. Un paraíso terrenal en donde no había espacio para el absurdo drama. Hasta ahora.

Tras cámaras se encuentra un mundo infinitamente retorcido.

Numerosas actrices denuncian: casting de dudosa naturaleza, irregularidades en el salario, acoso sexual durante el rodaje de las películas, maltrato físico por parte del staff de la empresa encargada de la producción del film.

Los casting de dudosa naturaleza, explica Rena Reinder, actriz pornográfica, son muy difíciles de evitar ya que es imposible sospechar por una simple conversación telefónica el verdadero objetivo que persigue el interlocutor que no es otro que mantener relaciones sexuales con la chica que ha citado para verse.

Reinder confiesa su propia experiencia:”Yo tenía 22 años”. “Llegué al casting y el tipo ni era productor, ni tenía contactos. Me hizo un book desnuda y luego me dijo que teníamos que acostarnos para ver si era buena, vamos, que tenía que probar la mercancía. Yo me negué y me fui de allí”.

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El salario de las actrices inmersas dentro de este turbulento mundo también se ve afectado por la irregularidad que sufren en sus pagos. Una fuente internacional que prefiere mantenerse en el anonimato, denuncia que muchas veces los actores son vilmente explotados en relación a la cantidad excesiva de escenas que realizan y al ínfimo cobro que reciben.

La fuente anónima clama por sus derechos: cuando uno trabaja con su sexualidad y no tiene una figura sindical a la que acudir, todo se vuelve más pantanoso. Por eso, las actrices y actores coinciden en la necesidad  mejorar sus condiciones laborales y de regular y proteger sus derechos en una industria que genera millones de dólares.

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El acoso sexual también sucede con mucho frecuencia dentro de los set de rodaje, influyendo de forma definitiva en el retiro o abandono de muchas mujeres en la industria del porno, debido a que solo un rechazo ante un director puede provocar el final de su carrera.

“Cuándo estoy actuando, estoy actuando. Cuando el director dice ¡corten! termina la escena y las cámaras se apagan, ahí  no tengo porque aguantar ni tolerar que nadie del equipo me pida que le haga una paja o que me ponga el pene en la cara”, explica la actriz Paige Jennings en uno de sus videos colgados en Youtube, en relación a los acosos que deben soportar en las filmaciones.

Paige describe  con un brutal realismo la forma sádica en la que se manejan los productores de las escenas: “La mayoría de las chicas, cuando empezamos, no queremos hacer escenas de anal hasta estar preparadas, pero hay directores que intentan convencerte, sin que se hubiese pactado anteriormente. Empiezan a presionarte con que no van a contratarte más directores y con el dinero que va a costar parar el rodaje sin terminar la escena”.

 

Los directores pornográficos son seres malévolos que tratan a la mujer como un objeto sexual, escudándose en la pírrica paga, para satisfacer todos sus ardientes impulsos de maltratar y golpear y así satisfacer sus más oscuros deseos.

Prueba de nuestra crítica, es sostenida por Nikki Benz, ícono del mundo del porno en Estados Unidos.

En referencia al episodio que sufrió a manos del polémico director Tony T mientras estaba grabando: “En un set nunca debería existir la violencia ni la violación. Simplemente No.” escribió en su cuenta personal de Twitter en diciembre de 2016. Benz se encontraba filmando una escena y de pronto el director apareció de la nada como un toro furioso dirigiéndose hacia ella para cerrar sus impulsivas manos en torno a su frágil cuello y apretarlo con una brutalidad impresionante.