Cuando reina la anarquía, todos corremos peligro

Ayer miércoles 3 de enero, ocurrió algo en la ciudad de Maracay, en Venezuela, que nos recuerda bastante a los métodos de matanza y agresión utilizados por el Estado Islámico en Siria e Irak.

Un grupo de obreros y tomistas llegaron a la sede de la alcaldía del municipio Mario Briceño Iragorry, en el estado Aragua, a protestar en contra del alcalde Delson Guarate por pagos y presuntas deudas acumuladas. Testigos afirman que los protestantes se identificaban con el partido de gobierno.

No pasó mucho tiempo hasta que los tomistas irrumpieran en el edificio y comenzará una de ola de agresiones que perduró por varios minutos. Enardecidos, este grupo de personas, arremetió contra los periodistas y camarógrafos que se encontraban en el lugar.

Uno de los agredidos se llama Alejandro Ledo, quien recibió golpes por parte de aproximadamente 7 hombres. También el periodista Pedro Hjansser es golpeado al tratar de ayudar a su colega que se encontraba bajo ataque.

Pero como si eso no fuera poco, los atacantes comenzaron a arrojar personas desde el segundo piso de la alcaldía. La periodista Elena Santini fue salvajemente golpeada y empujada a una caída de dos pisos, al igual que Alejandro Ledo. Éste último fue quien recibió lo peor del ataque. Ledo quedó inconsciente en el suelo mientras el ataque al recinto continuaba.

Los equipos y el espacio del departamento de prensa de la alcaldía quedaron destruidos por este grupo de personas que atacaron a quienes allí trabajan sin contemplación alguna.

Alejandro Ledo fue detenido y recluido en la cárcel de El Rodeo en 2014 durante las protestas de febrero. Posteriormente le es concedido el beneficio de casa por cárcel y hace cuatro meses le es revocada la medida para quedar en libertad.

El periodista fue atendido en el Centro Médico de Maracay sin presentar lesiones severas ni en el cerebro ni en la cervical, pero sí un edema cerebral. Debe permanecer en observación por 48 horas.

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Consideremos: si esta alcaldía hubiese pertenecido al partido de gobierno, y los atacantes fuesen de oposición, los medios oficiales no dejarían de hablar al respecto. Pero como ese no es el caso, el silencio es la norma.

Con info de La Patilla