Por: Carlos Flores / @CarlosFloresX

Kate-del-Castillo-Hero

Extraño ejemplo de “la vida imita al arte”. Cuando veo que las horrendas camisas que usaba El Chapo Guzmán se han convertido en una rara tendencia fashion, entonces comprendo que todos –básicamente- estamos, de alguna u otra forma, condenados. Y que, para muchos, la prisión es este mundo; con su día a día lleno de atrocidades.

Este circo sin gracia -que tiene como protagonistas a un capo narcotraficante, una actriz mexicana y un actor de Hollywood (y en el medio, como expulsados por la turbina de un 747: la DEA, gobierno de México, investigadores, críticos, público, redes sociales y medios de comunicación)- ha cruzado la delgada línea roja entre ficción y realidad; estupidez y bochorno. Creando el equivalente a una enorme cerveza helada en un caluroso día de playa: hay que consumirla cuanto antes.

Desde que se fugó de una prisión de “máxima seguridad”, El Chapo se ha convertido –al menos para mí- en otro personaje más de la cultura pop. Alguien que ya pasó la barrera del bien y el mal… O sea, es… ¡El Chapo!, como el amigote nefasto que, en algún momento en la vida, todos llegamos a tener. Y ésta es una imagen distorsionada. No, no es el amigote. Es un hombre malo, jodidamente malo. A su paso y bajo sus órdenes, ni Dios –si es que existe- sabe cuántas familias han quedado destrozadas por la violencia del cartel de Sinaloa. El amigo querido de Kate del Castillo es un criminal, un asesino y no el simple creador de un trend de uso de camisas feas.

Pero ciertamente la fascinación por los poderosos (y más si el poder se origina en todo lo que sea maléfico) es tan adictiva como ese producto que El Chapo distribuía por todas partes. Entonces en este punto, cuando los reflectores dejan ver solo las lentejuelas de lo material, es que la actriz Kate del Castillo, quien casualmente interpretó a una reina narco en tv, busca arrimarse a un árbol cuyas raíces aspiran coca… y es que El Chapo se convirtió en otro símbolo y los humanos seguimos cada símbolo que podamos traducir en algo que –hasta ocultamente- podamos desear.

Y a sus 43 años, la actriz Kate del Castillo, es poco más que un chiste mundial. El –presunto- intercambio de mensajes de texto que se ha publicado entre El Chapo y ella dan muestra de esa fijación común que tenemos ante “el poder”. Está claro: a Kate le da morbo este tipo. Le da morbo hacer realidad lo que hizo en cámara, en La Reina del Sur… el intercambio de mensajes es el de una mujer que quiere que el hombre sepa que está dispuesta, que está interesada, que va pa’lante… ojo, pero que tampoco quiere lucir puta ni regalada sino que quiere que el hombre sea hombre (lo de “jamás nadie me ha cuidado” es tan pero tan WTF-melodramático que imagino lo sacó del parlamento de alguna de las telenovelas que ha protagonizado). Mientras que El Chapo escribe como un viejo verde que ha sacado los colmillos y llena de baba la pantalla del celular. La cosa de asquito.

Entonces para complicarlo todo y arruinar lo que pudo haber sido una gran porno… entra Sean Penn a joderlo todo. Mi teoría es que él se ha pasado toda la vida tratando de borrar la mancha más grande de su pasado: haber estado casado con Madonna. Creo que ha intentado justificarse o enseriarse y convertirse en una leyenda viviente. Lo imagino cada mañana, viéndose al espejo con su típica mirada de “así, con cara de arrecho-trasnochado, es que se gana un Oscar” y felicitando a su pene por ser… el pene de Sean Penn.

Sean es como un Bono pero idiota. Porque solo un grandísimo idiota pudo tragarse el mesiánico cuento de la revolución en Venezuela y apoyar y venerar a Hugo Chávez, de la manera en que Sean Penn lo ha hecho. Su obtusidad en temas como éste y otros de índole mundial, terminan mostrando quién es –o qué quiere ser-: un aspirante a integrar las filas de The Avengers pero que al final no será aceptado por ser un simple bluff llevado por su todopoderoso ego. A Sean Penn le importaría una papa el debate internacional por las drogas. Él quería estar con El Chapo. Fotografiarse con él… demostrar que Sean Penn lo puede todo, hasta llegar donde la DEA no había podido llegar.

El Chapo, Kate y Sean son parte de la esta cultura de shock, de héroes vacíos y múltiples fachadas. Nada es lo que parece ser.

El Chapo está preso y los actores ahora son más famosos. ¿Quién ganó?

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