Por Carlos Flores

Antes de todo el show en el burdel Love Ranch de Nevada, Lamar Odom era –al menos en mi mente- uno de los tantísimos negros enormes que han pasado por la cama de las Kardashian. Para mí, todos son iguales… y supongo que para ellas también. Desde que vi el ya legendario sex tape donde las enormes y deliciosas nalgas de Kim abrían paso para recibir la anaconda que llevaba entre las piernas su novio de entonces, Ray J, y ella ni siquiera parpadeaba, supe que esa tipa era sumamente peligrosa y protagonizaría extrañas –ilegales- fantasías sexuales con las que yo me masturbaría casi a diario… pero jamás imaginé que todo su círculo familiar la superaría en escándalos. Es decir, Kim resultó ser la mejorcita del clan. La seria, pues.

Entonces Lamar Odom pudo ser acróbata de circo o jugador de la NBA, cualquier cosa. Para mí, era otro chimpancé gigante que había descubierto lo que ya se rumoreaba dentro de alguna orgía de ricos trastornados: a las Kardashian solo le gustan los negros depravados, brutos y dispuestos a tomar no solo drogas sino malas decisiones de vida. ¡Hell, yeah!, pensó Lamar y se casó con la Kardashian que encontró disponible (Khloé, la más gordita) y vivieron felic… ¡No, bienvenidos al infierno televisado!

Yo me quejo de mis suegros. Siempre he creído que son unos retardados que ignoran que su querida hija es una campeona de la felación. Mis suegros me odian y yo los detesto. Pero al menos parecen seres humanos –aunque puede que no lo sean-. El punto es que no me imagino tener de suegro a una especie de mutante que un buen día decide ser mujer… para seguir saliendo con mujeres. Cuando veo a ese monstruo que se hace llamar Caitlyn Jenner, respeto, valoro y aprecio a mi suegro… Lamar nunca lo imaginó, pero estaba entrando en la fuckin’ dimensión desconocida, cuando se casó con Khloé. A ver: unas cuñaditas putas y fritas… la suegra más divina que las hijas… el suegro salido de una masturbación de John Watters… y tantas cámaras de tv y la atención de millones de cabezas huecas, como para que la vida matrimonial se convierta en un descomunal chiste malo. ¿Cómo demonios se espera que Lamar o cualquiera de los otros fulanos que han pasado por el show de las Kardashian no se sientan como personajes con el derecho a gozar del libertinaje al que han sido prácticamente obligados?, sí, entonces Lamar engañó a Khloé hasta que ella se cansó y solicitó el divorció. Lights out!

Una vez que escapó de esa madriguera, Odom (que viene de una horrible infancia; padre heroinómano y madre muerta de cáncer cuando él era un niño) se dedicó a fornicar, usar drogas y convertirse en el típico cliché que va sin frenos directo a estrellarse contra un muro de concreto, lleno de clavos y frente a una multitud de hienas histéricas en speed.

¡Y se estrelló!

Lamar Odom debería morir… alguien de su nivel –de perversión, quiero decir- que no sepa que la cocaína no va bien con estimulantes sexuales que prometen 72 horas de sexo “natural”, merece morir… ¡por imbécil! Lamar Odom merece morir por irse a un burdel y gastar decenas de miles de dólares en un grupetín de prostitutas horribles (sí, vi, las fotos de las chicas del Love Ranch; ¡se ven más usadas y gastadas que los zapatos con los que Forrest Gump corrió hasta el fin del mundo!), cuando pudo aceptar mi invitación a Venezuela, a la casita azul de Puerto Cabello donde, por dos kilos de carnes y un bulto de espagueti, cuatro demonias-chupa-semen le hubieran derretido el pene hasta el punto de necesitar no viagra herbal sino una maldita medusa pegada a los testículos…

Pero, sobre todo, Lamar Odom debería morir por nuevamente caer en la trampa de las Kardashian y, aparentemente, regresar con Khloé… ¿de verdad crees que ella quiere amarte y aceptarte y perdonarte todo lo que has hecho?, ¿de verdad eres tan idiota como para creerlo? Lástima que te salvaste… porque seguramente Khloé te tiene preparado algo peor.