Por: Carlos Flores
@carlosfloresx

Uno de mis guilty pleasures es ver “Mi gato endemoniado” en Animal Planet. No me apena decirlo, aunque ciertamente es tan aberrante como tomar anís un martes a las tres de la tarde -con calor y sin hielo- viendo alguna telenovela árabe. Pero como desde niño mi casa ha servido de hogar a no pocos gatos, me quedé pegado con el comportamiento violento de muchos de los animales que, capítulo a capítulo, llenan de miseria la vida de sus amos… a veces no sé qué carajo es peor: el gato o su patético dueño.

Yo, que he tenido gatos, jamás he visto alguno comportarse tan mal como los de este programa… y, de haber ocurrido, supongo que mi sabia solución hubiera sido montar al gato en el carro, darle un alegre paseo hasta la casa de alguien a quien odiara, y ahí dejar al gatito: en un nuevo hogar, donde llenara de infelicidad a mis enemigos. Y fin de la pesadilla. Pero los humanos que protagonizan cada episodio se merecen –en definitiva- todo el sufrimiento y las penurias que atraviesan, gracias a sus mascotas.

Recuerdo uno de los capítulos: un matrimonio joven llevaba tres años con un horrendo gato negro al que jamás habían podido acariciar. Día tras día, mes tras mes… año tras año intentaban tocarlo, jugar con él… y nada. El gato los arañaba, mordía… humillaba. Pero, ¿por qué querían seguir con ese gato?, ¿acaso el sexo entre los dos era tan desagradable que necesitaban un gato loco para poner una chispa en sus existencias? Era deprimente ver a los dos, marido y mujer, diciendo que querían mucho a su gato y que solo deseaban que fuera más cariñoso con ellos. ¡Por dios, olvídense del gato y forniquen!

En medio de la crisis –y a mitad del programa-, aparece la verdadera estrella del show. Un fulano llamado Jackson Galaxy, el experto en comportamiento felino. Un individuo que se gana la vida tratando con gatos mutantes y humanos deprimentes… es como el hermano bastardo y rockero de El Encantador de Perros.

Jackson galaxy

Resulta que Jackson Galaxy antes se llamaba Richard Kirschner… y un buen día decidió cambiarse el nombre porque… bueno, quién sabe por qué. Y escogió llamarse Jackson Galaxy… y él es el encargado de entender y resolver los problemas gatunos, además de lidiar con gente que optó por el sufrimiento corporal antes que escoger la solución más natural y obvia: ¡bota al gato!

Galaxy se convierte en todo un psicólogo: escucha problemas, aguanta lágrimas, aconseja, regaña… ah, sí, también le hace dos o tres cosas a los gatos. Aunque el nombre del show está incorrecto, mejor era algo como: “¡Odio mi vida, sálvenme del suicidio!” y pronto muchos se darían cuenta de algo básico: el menor problema que tienen es el gato…

No he visto un solo episodio donde los dueños –al menos- aparenten ser casi normales. Todos son extraños o solitarios o viven en casas raras… y sus gatos sufren de ira, miedo… y todo se compagina para crear un ambiente de hostilidad y depresión. Yo les recomiendo no culpar al gato y tampoco llamar a Jackson Galaxy o Animal Planet: compren un espejo, mírense, lloren… ¡y abran la puerta para que el gato se vaya bien lejos de ustedes, antes que sea muy tarde para ambos!… y si vive solo: alquile una prostituta… a veces, con la propina adecuada, hasta maúllan.

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