Bob Dylan acaba de convertirse en el Premio Nobel de Literatura 2016, y si creías que el rumor ese de que se lo había ganado Paulo Coelho era polémico, espera a ver las reacciones de los haters después de esta noticia.

El descontento que le ha causado a los más ortodoxos el Nobel de Dylan, solo se puede comparar con lo que pensaron los más mojigatos cuando lo conocieron a finales de los 50.

Ciertamente, quien hubiese visto a Robert Allen Zimmerman en esa época pudo haber dicho que era “un tipo despeinado que siempre parecía molesto”. Y habría sido una descripción justa, pero incompleta.

La verdad es que Bob Dylan nunca jugó con las reglas del juego: poeta rebelde cuando todos callaban en los momentos duros de la Guerra Fría; pacifista cuando todos llamaban a hacer la guerra en Vietnam; feo cuando Norte America estaba obsesionada con la belleza de Elvis. A Dylan siempre le gustó llevar la contraria.

Pero lo suyo iba mucho más allá de una simple pose: su protesta tenía belleza, las letras de sus temas eran conmovedoras, sus canciones tenían relatos impecables sobre los más desposeídos. Todo lo necesario para ser un poeta, por mucho que a algunos aún les cueste reconocerlo:

No importa que haya sido favorito para este premio desde los 90, o que además tenga un Oscar, un Pullitzer y Príncipe de Asturias. Siguen existiendo prejuicios sobre el rock, y no todos entenderán su poesía.

Pese a todas las diferencias, el rock de Dylan sí tiene algo en común con la buena literatura: el valor de perdurar.

No importa si solo conoces ‘Blowing in the Wind‘ o ‘Like a Rolling Stone‘, probablemente sus dos canciones más famosas. Aún si te aburre el ritmo de todo lo demás, comparado con lo que escuchas hoy, las letras de Dylan, como los buenos libros, siempre tocan la tecla:

“Nunca te diste vuelta a observar los ceños fruncidos

De los malabaristas y payasos que hacían trucos para ti

Nunca entendiste que no es bueno

Dejar que otra gente reciba los golpes que son para ti”.

(…)

“¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente?

Estar completamente solo, sin saber el camino a casa

Ser un completo desconocido, como una piedra que rueda” (Like a Rolling stone).

La Academia Sueca ha visto el sentido poderoso oculto tras esos versos simples, y es por eso que han reconocido al músico de 75 años, el primer Nobel del Rock: “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”.