Por María Rosalinda Garí

Si tomas el autobús en mi pueblo verás por este lado de la acera que quien camina contrario al recorrido se le hace bolsa en los pantalones, que el color de la tela está desteñido, y no precisamente porque sea el último chillido de la moda, verás correas que se aprietan en el último espacio para que no se caigan los calzones, y eso si hay correa… Frente a esa persona va una señora con la cartera apretada, con un suéter agujerado y dos colores de cabello, que van en degrade de blancos a grises sobresaliendo entre el tinte que ya no se entiende, ese que ya no compra, porque no le alcanza…

Si detallas cada uno de los que usa el transporte público tienen distintas expresiones, expresiones que parecen máscaras de tragedia de teatro griego, el desgano, el cansancio, la decepción, la rabia, la tristeza, con unos pómulos que empiezan a ser huesudos, con sus camisas en las que sobresalen de los hombros del cuerpo, con sus bolsitas mediocres de mercado que no les alcanzará ni para la cena de esta noche, pero que deben rendir para toda la semana, que el “buenas” suena más como un lamento, pero la educación de algunos no se pierde

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Igual al final todos siguen zombificados monótonamente en el ritual de pedir la parada, para llegar a su destino y si es la hora pico al final del día puedes sentir las ansias con las que quieren llegar a casa para fingir que olvidan que todo se sigue derrumbando, que el estómago les suena y que mañana deberán correr con las mismas penurias de hoy pero elevadas a la potencia, porque si ayer te costó 300 hoy cuesta 600 y contando, porque no hay nada, pero hay mucho, la inflación y la corrupción se abrazan y bailan una baile ridículo mientras la gente las observa tomándole la mano a la miseria…

Un anciano para el autobús para ir a su casa, pero está tan mayor que no logra escuchar que no es su ruta, o está tan desorientado que no sabe cómo volver a casa o solo está tan solo…

Puedes mirar, pero no acoses a nadie con la mirada, a la gente no le gusta ser observada y menos con esa expresión facial de experimento que uno suele poner cuando ve lo inusual, esa cara de pendejo que uno pone cuando no comprende que todo lo absurdo se convierte en lo usual, cuando los cambios y la evolución, sinceramente es una involución si al caso vamos.

También verás una que otra pareja, tal vez sea desagradable si son pubertos intentando un galanteo, piensas en la situación y el horror que se avecina y además piensas lo ridículo que se ve uno enamorado en tiempos de comunismo, lo absurdo que es perder el tiempo baboseándote con un alguien que te llevará a la ruina, divagas, haces un salto de pensamiento y miras de nuevo a la calle, un anciano para el autobús para ir a su casa, pero está tan mayor que no logra escuchar que no es su ruta, o está tan desorientado que no sabe cómo volver a casa o solo está tan solo, que ahí quedó….

Si te sientas en algún asiento al fondo, mientras suena alguna canción más absurda que el compendio de situaciones, mientras el conductor está de mal humor como todos y habla con hostilidad a cada persona que se sube, podrás ver que quien lleva zapatos de marca, los tiene desgastados, quien tiene zapatos nuevos son de las marcas de los gobernantes o de los más económicos del mercado, sí, las cosas nunca fueron fáciles para muchos, pero ahora son difíciles para todos.

Si caminas por estas calles encontrarás cosas que jamás creíste ver donde las mujeres fueron las más bellas y los extranjeros pudieron rehacer sus vidas, donde el polvo de la vieja Europa caía en los ojos de los que iban a nacer en la pequeña Venecia. Si caminas por las aceras conmigo sentirás la paranoia, el miedo, la frustración, el enojo, la decepción de como en los años nunca mejoró, el lugar que lo tuvo todo, teniéndolo todo.

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