Si en realidad vemos las cosas con un sentido crítico, el famoso “chalequeo venezolano” resultaría ser una especie de “bullying”, ¿estarían de acuerdo conmigo?

El “chalequeo” en Venezuela tiene diversos significados, pero todos los conceptos derivan primordialmente en que es un “acoso” en tono de “broma” y de carácter intensivo.

Para nadie es un secreto que los que nacimos en la tierra de la arepa tenemos la mente un poco jocosa: Ciertos comentarios o algunas actitudes hacen que todo, absolutamente todo, lo veamos con toques de humor y sarcasmo.

Añadiendo que muchos no somos para nada discretos con nuestros comentarios y que gran parte del tiempo tendemos a decir cosas que se salen un poco del tono normal, con el que otros no están acostumbrados.

Esto pasa, por ejemplo, cuando logramos encontrar a un paisano en otro país.

Ya conocemos nuestros códigos y el cómo actuar en esos casos, pero saliendo de nuestra frontera, ¿creen que todos se tomarían a la ligera comentarios cotidianos del venezolano como “si eres marico”, “güevón”, o “mamagüevo” en el tono que sea?

Claro, si lo logran entender

Una muestra efectiva surge cuando alguien tiende a decir un “chinazo” (dicho de manera inconsciente y asumido por los demás con picaresco doble sentido): Nuestra primera reacción es acosar al “infractor”, solemos llamar a los demás para que se unan a la algarabía y terminamos por crear un “trauma” en esas personas que lo originaron.

¿Acaso somos abusivos por default?

 

Un estudio realizado por la Saint Louis University School of Public Health argumentó que la herencia genética es responsable en un 33% de nuestras sensaciones físicas a lo largo de nuestras vidas y que un 36% se hace cargo de nuestro comportamiento y estado mental en lo que ésta avanza.

Si ya nuestros padres nos pasaron vía “pene-drive” sus actitudes, la conducta adquirida en las calles y en la cotidianidad las fortaleció e hicieron de nosotros una máquina de humor captadora de desastres personales y vergüenzas ajenas.

No está mal reírse de los demás, pero con límites

Como terrícolas, gracias a Dios, somos diferentes y, no todos tienen la “virtud” de ser suficientemente inmunes a los chistes, como quizás podemos ser algunos.

Así que si eres una persona con agilidad mental para captar momentos y hacer bromas, te recomiendo que lo pienses dos veces, ser gracioso es una virtud cuando sabes manejarte, pero no siempre la ocurrencia generará risas, quizás provoquen malas reacciones y puedas llevarte un puñetazo…

¿Quién sabe?

Yo aprendí a la mala el conocido dicho “no hagas lo que no te gusta que te hagan”.