Adaptarse para sobrevivir resume  el espíritu de este emocionante segundo capítulo de temporada de The Walking Dead

 

La semana pasada The Walking Dead volvió como se esperaba: con un episodio con tensión dramática por un lado y espectacularidad por el otro. Los que disfrutan de momentos más íntimos y los que adoran ver muerte y destrucción zombi tuvieron grandes dosis de lo suyo. Hasta aquí, todos contentos y esperanzas renovadas. Con el inquietante cliffhanger final (esa bocina sonando desde Alexandria que atraía a la enorme horda hasta sus muros) nos dejaba ese vacío existencial y nos llenaba de ganas por saber quién había sido la lumbrera que decidió empezar a tocar la bocina como si fuera la versión zombi del flautista de Hamelín.

Pues bien, en este segundo episodio no sólo descubrimos quién y por qué, sino también cómo están los ánimos del pueblo tras los últimos acontecimientos. El resultado ha sido un espectacular episodio que deja alguno de los midseason de la serie a la altura del asfalto. A partir de aquí vamos a entrar en detalles sobre la trama. Así que si no viste este capítulo, termina de leer este post,  para que el siguiente no te deje “Out”.

[divider]1er Round [/divider]

Después de que se fuera medio presupuesto de temporada, todo parecía indicar que el episodio de hoy sería uno de esos pausados y tranquilos. Y durante 15 minutos fue así. En él, Carol, Jessie y sus hijos, Carl, Deanna y Maggie nos iban mostrando, poco a poco, cómo intentan superar la tragedia de la noche en la que Rick ajustó cuentas con Pete.
En sólo 15 minutos nos mostraron cómo Carol sigue siendo uno de los personajes favoritos del equipo de guionistas. Suyas no sólo son las mejores frases (espectacular réplica a una vecina de Alexandria en su primera escena), sino que además luce como nunca esa capacidad innata de mimetizarse con su entorno, de camuflarse entre los que la rodean según el tipo de circunstancias. De ser, en definitiva, una superviviente de pies a cabeza. Eso es lo que, poco a poco, el padre Stokes consigue entender, lo que le lleva a pedir perdón a un Carl receloso del traicionero sacerdote, que sin embargo accede a su petición de ayuda para que le enseñe a defenderse por sí mismo. No es la mayor preocupación del joven Grimes, cuyos ojos están encima de Enid, protagonista de otro magnífico prólogo que relata, en apenas 4 escenas sin apenas diálogos, las razones de ese nihilismo recalcitrante que invade el carácter de la muchacha. El triángulo amoroso lo cierra Ron, ese adolescente enfadado con todo y con todos que, tarde o temprano, acabará dando un disgusto. Por último descubrimos a un nuevo personaje: Olivia. Una aspirante a cirujana que por miedo a la sangre acabó como psiquiatra. Ahora es la encargada de sustituir al malogrado Pete en el quirófano, y su primer día va a ser de lo más movido.

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[divider]El conteo se hace con sangre [/divider]

La razón de este aumento de demanda hospitalaria son los 30 minutos restantes del episodio, que comienzan cuando la mirada marujil de Carol descubre, mientras cotillea, que un grupo de salvajes ha entrado en la ciudad para pasar a cuchillo a todos sus habitantes. En este momento, el episodio no sólo mete la sexta marcha, sino que activa el óxido nitroso para presentarnos una invasión a gran escala protagonizada por los esperados Wolves, una banda cuyas técnicas de conquista son masacrar a todo lo que se mueva con una violencia animal, irracional y caótica. En este punto hay que aplaudir al equipo de la serie, directora a la cabeza, por regalarnos una escena tan sorprendente. Simple, sencilla e inesperada, como un puñetazo en el estómago que te despierta de ese sueño de seguridad que era Alexandria, un espacio que parecía una fortaleza pero que ahora sabemos que sólo había sobrevivido porque había pasado desapercibido. Rick sabía la suerte que tenía esa gente de haber sobrevivido solos tanto tiempo, y de ahí su obsesión por que todos tuvieran menos contemplaciones a la hora de usar las armas. Una vez más, el sheriff badass tenía razón.
Carol entiende esto a la perfección y predica con el ejemplo, hasta el punto de acabar con una de sus propias vecinas con tal de no revelar su posición al enemigo. También lo hace Jessie, discípula aventajada, a la que liberarse del violento yugo que Pete ejercía sobre ella parece haberle abierto los ojos. En este mundo, se mata o se muere, y una de los Wolves puede dar buena cuenta de la nueva utilidad que la vecina de Alexandria ha encontrado para sus tijeras. Veremos en próximos episodios cómo lleva a nivel emocional haber iniciado su body count particular. También Ron, testigo de excepción de este violento momento cuyo odio por los Grimes está lejos de menguar, sobre todo cuando ve que Enid se acerca cada vez más a Carl.

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[divider]La invasión de los Wolves [/divider]

El resto de habitantes de Alexandria no parece terminar de asimilar la lección, ya que ni Spencer ni Deanna han dado un paso decisivo para salvar a los suyos. De hecho, el primero fue incapaz de acabar con uno de los Wolves que, tras estrellar el camión en uno de los muros de la ciudad, y convertirse en zombi, encendió la bocina que tantos quebraderos de cabeza parece que va a dar a Rick y compañía. Por suerte llegó Morgan para acabar con ese insoportable ruido. Un Morgan que, a pesar del pacifismo que defiende en casi todo el episodio, también empieza a darse cuenta de que ante esta nueva amenaza, hay que tomar medidas más drásticas que un par de collejas con un palo. Su último enemigo también puede dar fe de que lo ha aprendido.
De los Wolves empezamos a saber unas cuantas cosas. Que no son muy listos, que tienen algún trastorno mental que les convierte en bestias salvajes poco más civilizadas que los propios caminantes, y que hay alguien que no sólo les guía, sino que también les ordena matar. Un ente en la sombra que ha creado su propio ejército de descerebrados a los que ha convencido de que ejecutar a los vivos es liberarlos. Por suerte se ha encontrado con un rival de su talla, y eso que ha sido la “segunda unidad”, eso sí, liderada por una Carol desatada (una vez más, demuestra que se camufla como nadie, sobre todo entre los Wolves), un Morgan en modo maestro shao lin y unos certeros Carl, Maggie y Rosita, que han conseguido repeler este primer ataque. El segundo promete ser mucho peor, irónicamente gracias a nuestro héroe del palo, cuyas buenas intenciones no sólo han dado un arma de fuego a los Wolves, sino también conocimiento del terreno y las defensas para planificar mejor la segunda oleada.

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En definitiva estamos ante un capítulo que te atrapa y no te suelta, que te da la dosis mínima para avanzar en los personajes que se trataron menos en el primer capítulo, para luego meterte de lleno en la cruda y violenta guerra que se cierne sobre nuestros protagonistas. Los Wolves ya están aquí y tienen sed de sangre. Ahora queda ver cómo se reagrupará Alexandria y, sobre todo, cómo piensa repeler una ciudad herida, cansada y casi superada la infernal invasión que se cierne sobre ella. La semana que viene toca otra apasionante entrega.

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