Cuando ves caminar a alguien como José Domínguez por el mercado de Quinta Crespo no lo imaginas más allá de ser un señor que tranquilamente recorre el área para comprar alguna que otra hortaliza en compañía de su hijo. No piensas que al momento que le pierdes de vista, le puedes encontrar a escasos 15 metros de ti, cerca de los desperdicios que dejan los verduleros. Allí, puedes ser el espectador principal de como él cual maestro en una clase enseña a su hijo de solo 11 cómo debe hurgar en la basura, cómo buscar de manera que puedan quedar algunos alimentos que sirvan para llevar a la casa.

 

José y su pequeño no son indigentes, de hecho él es un albañil de unos 42 años, cabeza de familia, con cuatro chamos y una esposa, pero él y toda su familia hoy en día sí viven en una situación marcada por la pobreza y la necesidad. Desde hace aproximadamente dos meses y medio Bajan de Gato Negro bastante temprano, pasean de mercado en mercado colectando en unas pequeñas bolsas de plástico que lavan casi todos los días porque no tienen otras.

Ahora que se encuentran acá en Quinta Crespo están claros a lo que vinieron. Se dirigen tímidamente a la basura. Andan con la mirada baja, taciturna y un poco esquiva. Algunos dirán que lo hacen avergonzados de su miseria, otros menos apegados a los sentimentalismos pensarán que sencillamente están concentrados escaneando cada tomate semi mallugado o un poco podrido que llevar a casa o uno que otro platano pasado de maduro que está listo para descomponerse. Esto es cuando es un buen día, cuando no toca relamer los huesitos de algún pollo semi roído que fue primero el almuerzo de alguien y ahora será el manjar que sirva para la cena de alguno de ellos.

Hurgar en la basura, no solo para la familia Domínguez, sino para muchas otras más, se ha convertido en el nuevo modo de sobrevivir, aunque esto implique riesgos que quizá después se vayan a lamentar. Ya los rezos en las filas de los supermercados o la distribución de comida mediante los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, (CLAP) son suficiente. El hambre nos está devorando a todos

La nueva dieta obligada es precaria, inimaginable y llena de recuerdos añorados de aquellos platos de comida como: el arroz, el queso, la arepa, las caraotas o los huevos fritos. Ahora, la desolación, las horas en las largas colas y el desespero por llevar algún bocado a la boca son mayores. Mientras en los supermercados toca pelearse por la comida mientras aumentan los robos, las protestas y las muertes.

Cuando no corres la misma suerte de la familia Domínguez y tienes algo de dinero para ir a comprar cuando es tu día por número de cédula, siempre te encuentras con el mismo escenario: la típica discusión entre chavistas y opositores en las gigantescas filas. Están los que defienden el proceso revolucionario, le echan la culpa a la oposición y a la empresa privada por pasar hambre, mientras los opositores cargan todo a la ineficiencia del Gobierno, el ahogo a las empresas privadas y el no permitir el canal humanitario desde el exterior.

La crisis desde cualquier óptica que le mires sigue en un ascenso deprimente. Poco a poco la población se destruye de manera sectorizada ante la mirada impasible del Gobierno nacional, quien siempre irónicamente más de una vez aseguró “la revolución protegería al pobre”.

Este es el nuevo calvario que se vive en los hogares  venezolanos. El ciudadano llegando a  matar lo que venga, con tal de sobrevivir. La crisis de hambre se agudiza en la población ante la mirada impasible del Gobierno nacional, quien siempre aseguraba que “la revolución protegería al pobre”.

Puede resultar impensable, increíble o dantesco por demás, pero hay gente cazando gatos, perros y hasta palomas para poder comer y llevar algo para los suyos, y es que las dificultades para poder adquirir lo más elemental de la canasta básica alimenticia, a través de un presupuesto de gastos cada vez más golpeado y deteriorado, producto de un desgastado y limitado ingreso cada vez más escaso para la mayoría de los venezolanos, son todas estas situaciones vividas que han obligado inexorablemente a estas personas a ajustar a diario sus posibilidades de consumo para la diaria alimentación, llevándolos en algunas ocasiones, a tener que recurrir a cazar para luego preparar y consumir seres indefensos, donde están considerados como potenciales para ser consumidos sus posibles mascotas, siendo estas algunas posibilidades de alimentación que jamás habían sido parte pensable de lo que pudiera llegar a ser insumos potenciales en la dieta de los venezolanos.

Actualmente algunos dueños de mascotas como perros y gatos, aseguran que deben hacer magia para alimentarlos y evitar consecuencias aún peores. Muchos de estas mascotas dejan de comer por no tener el alimento adecuado para ellos o comienzan a padecer problemas de salud, pero también sucede que una vez llevados a sus veterinarios para ser diagnosticados y tratados, tampoco las medicinas que le son propias se consiguen, pero “Si no hay para los humanos, ¿Qué se puede esperar entonces para los animales?”, mientras que otros dueños de mascotas comentan que: “Prefiero lanzarlo a la calle o comérmelo yo antes que venga otro y se lo coma”.

Cosas insólitas como estas se aprecian en el país petrolero, expresiones todas de increíble naturaleza si tomamos en cuenta que estas son expuestas públicamente y a diario en un país que cuenta con diversas fuentes de riquezas naturales, además de poseer altos niveles de educación, por ende un alto nivel de profesionalismo.

Sin embargo, este secreto a voces se dio a conocer por el alcalde de Chacao, Ramón Muchacho, quién denunció hace semanas atrás que en la ciudad hay personas que como alternativa para la obtención de alimentos se viene dedicando a la caza de gatos y perros en las calles, así como también de palomas en las plazas, y todo esto tan solo para asegurarse poder comer. “Esto no es un chiste, es una dolorosa realidad”, publicó en su red social de Twitter, “Mientras tanto el gobierno amenaza y persigue a los empresarios que producen alimentos”, aseveró Muchacho en la red social.

¿Cómo dio a conocer la información?, La reveló luego de que seis funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), presuntamente robaron chivos en el estado Lara para alimentarse porque no había alimentos en el comedor del fuerte Manaure.

A la pregunta de si tiene o no pruebas, el alcalde Ramón Muchacho responde de manera insólita: “Tanto como una foto de alguien comiéndose un gato, no (…) pero sí tenemos un indicio y es que antes habían muchos perros comiéndose la basura y ahora no los hay”.

¿Qué dice la Ley?

En Venezuela desde el año 2010, tiene una Ley para la Protección de la Fauna Doméstica Libre y en Cautiverio. En su artículo 73, indica que: “las infracciones muy graves acarrean multas de desde las 70 unidades tributarias (12.390 bolívares) hasta las 100 unidades tributarias (17.700 bolívares), cuando por ejemplo se maltrata a un animal hasta causarle la muerte”, mientras que el Código Penal venezolano en su artículo 478 dicta que las personas que causen daños a un animal, serán sentenciadas con 8 a 45 días de arresto. “El que sin necesidad haya matado un animal ajeno o le haya causado algún mal que lo inutilice, será penado por acusación de la parte agraviada, con arresto de ocho a cuarenta y cinco días”.

¿Sacrificio de animales para culto?

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La máxima Corte de Venezuela, aceptó revisar si anula o no una prohibición de practicar sacrificios de animales en rituales religiosos dictada por autoridades en Caracas, tras recibir la petición de un practicante de la Santería.

El Tribunal Supremo de Justicia admitió conocer la demanda que introdujo un abogado, que se define como seguidor de la religión Yoruba, en contra de una ordenanza municipal que dice viola la constitución venezolana.

“En nuestra religión Yoruba llamada Santería en efecto se hacen sacrificios de animales y este hecho no sólo no está prohibido por la ley adjetiva, sino que además está protegido por la Constitución“, dice un extracto de la demanda que incluyó en su sentencia la máxima corte al admitir conocer el caso.

“Nuestro tabú sobre el consumo de perros dice algo de ellos y mucho de nosotros. Los franceses, que adoran a sus perros, a veces se comen a sus caballos. Los españoles, que adoran a sus caballos, a veces se comen a sus vacas. Los indios, que adoran a sus vacas, a veces se comen a sus perros”, escribió Jonathan Safran Foer, autor del libro “Eating animal” (“Comiendo animales”) en un artículo publicado en The Wall Street Journal llamado “Let them eat dog” (“Déjenlos que coman perro”).

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