Estás en una entrevista de trabajo y te preguntan cuáles son tus fortalezas. Lo primero que sale de tu boca es que eres un genio del multitasking y la productividad.

¿Crees que te contraten? Con todos los estudios que se han hecho sobre esta “habilidad”, lo más seguro es que no.

Como todo lo de esta era, la idea del multitasking comienza con las computadoras. Por allá, en los 60 los arquitectos informáticos inventaron una nueva característica que permitió al CPU ser interrumpido para que pudiera realizar una tarea más importante antes de completar el proceso original.

Hasta allí, todo bien. El problema está cuando quieres transferir las habilidades de una máquina a un humano. No se trata entonces del famoso caminar y comer chicle a la vez, sino de realizar tareas en paralelo.  Un informe realizado por el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos lo dice claramente: Ser multitasker es un mito.

 

Para empezar, no somos capaces de hacer tareas en paralelo sino que cambiamos de tarea como cambiamos de franela. Te pongo un ejemplo: Cuando estas navegando en la web, tienes 10 pestañas abiertas y se supone que tienes que enviarle un correo a tu jefe.

No escribes el correo al mismo tiempo que estás en Facebook y lees este post, ¿verdad?

Chismeas en Facebook, cambias de pestaña y terminas de leer esto; cambias otra vez de pestaña y finalmente terminas de redactar el correo. Es ese cambiar de pestañas lo que nos da la impresión de que estamos haciendo varias tareas en paralelo.

 

Según una investigación de la Universidad de Stanford, llevar a cabo varias tareas en paralelo es menos productivo que realizar una a la vez. Además, llegaron a la conclusión de que quienes son bombardeados regularmente de información a través de varias fuentes son incapaces de prestar atención, recordar información o pasar de una tarea a otra con la facilidad de quienes completan una tarea a la vez.

Por otra parte, la Universidad de Londres llegó a la conclusión de que quienes aplican el multitasking en tareas cognitivas presentaron bajas en el coeficiente intelectual de hasta quince puntos; llevándolos al nivel de un niño de ocho años. Para rematar, los multitaskers terminan teniendo un peor desempeño porque tienen problemas a la hora de organizar sus ideas y filtrar información irrelevante.

Que vivamos en un mundo hiperkinético en el que es ley estar conectado a todos los dispositivos posibles no es excusa. Déjate de inventos y no justifiques tu déficit de atención llamándolo multitasking. Por más que hayamos evolucionado, nuestro cerebro aún no es un microprocesador multicore de última gama. El cerebro recibe miles de estímulos a diario y necesita ser capaz de discernir lo que es importante y lo que no.

¿Tienes una lista interminable de tareas pendientes? No quedes como un desmemoriado de ocho años delante de tu jefe: Organízate, secuencia y prioriza su realización.