El congresista de la bancada republicana, Jason Chaffetz se encontraba dentro de un evento político en Utah, EEUU y de pronto fue asediado por una tierna niña de 10 años que lo hizo añicos en frente de una asombrada audiencia.

La niña de 8 años, llamada Hannah Bradshaw, mientras sostenía un papel en sus manos y lo miraba fijamente le hizo una serie de preguntas relacionadas con el medio ambiente. ” ¿Qué está haciendo para proteger el agua y el aire de nuestra generación y de la generación de mis hijos?”

La pequeña niña sabía que el hombre enfrente de ella caería en un silencio sordo porque de hecho ella había investigado sobre las diabólicas iniciativas que atentaba contra el futuro de la sociedad estadounidense.

El flamante congresista Chaffetz dijo con anterioridad en diferentes eventos a lo que había acudido frases tan poco lúcidas como: “El calentamiento global es una amenaza”.

Además, la semana pasada se había propuesto a trabajar en una ley de carácter espeluznante, ya que la iniciativa hecha por el congresista tenía por objetivo eliminar el Departamento de Educación.

Destruir al planeta es la misión del congresista

Es decir, volver al feudalismo. O peor a la edad de Piedra.

En ese mismo macabro orden de ideas, Chaffetz enfiló de frente contra los dueños de terrenos públicos.

Según el, era mejor que los estados se apropiasen de esos porciones de tierra para que fuesen más fáciles de vender.

La ley, inmediatamente fue repudiada por toda la nación estadounidense, así que el congresista se la guardó otra vez bajo la manga.

Y ahora, volviendo al presente, se le notaba cierta incomodidad mientras era inspeccionado por la mirada de Hannah.

Ante el silencio amargo del congresista, Hannah empezó a elevar su tono de voz hasta convertirlo en un chillido insoportable saboteando acaso el límite de paciencia que Chaffetz tenía.

“Lo que se arroja en nuestro aire, lo que se arroja en nuestra agua, obviamente tiene un efecto en nuestro medio ambiente”, comenzó diciendo.

Pero después volvió a emitir aquellos comentarios -que le valieron el ser uno de los senadores más odiados de la sociedad estadounidense- al decir que apoyaba cualquier iniciativa energética que impulsase el carbón como un elemento importante para el desarrollo de la sociedad en futuro.

El auditorio se caldeó. Las personas empezaron a silbar al congresista así como cuando se reprueba una obra de teatro mala o un discurso simplón, como se puede observar aquí en este video del periódico Chicago Salt Lake Tribune, quien se hizo eco de las informaciones que estamos reflejando.

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