Karla se despierta por la bulla y el calor del caribe. Descubre que se fue la luz y entre sus hermanas menores, Elena y Naomi se pegan gritos porque no se plancharon el cabello para ir al liceo la noche anterior.

Karla estudia publicidad y mercadeo en un instituto aunque preferiría vivir sola como su hermano que vive en Caracas solo y se mantiene vendiendo Pretzels.

El calor de la mañana la obliga a salir al pasillo, allí están Sacha, la gata y Luna, la Beagle que le hace la vida imposible a todos, gruñéndose entre ellas con un charco de pipí de perro en el piso. Aunque no pasan de las 6 am aun, el vapor y el salitre se cuelan por las delgadas paredes y el techo de zinc de la casa.

Karla se encuentra a su madre en la cocina haciendo arepas, la saluda con el mal humor que le dejó una mala noche y la mirada de quien recién despierta y no ha visto la luz en años. A Karla su madre le parece mediocre porque se pasa la vida lavando platos, extendiendo la ropa y pasando coleto, cuando presume de haber tenido tetas enormes y un culo envidiable y ahora esté barrigona con canas, cocinándole a un tipo que trabajaba hasta las tantas en un hotel para darle de comer a sus 4 hijos.

Pasa para el baño y acostado en su habitación ve a su padre, cuando sin querer pisa el charco y repite la maldición. Si lo despierta, la va caer a coñazos.

Sus hermanas ya se están yendo, la mayor es un poco perra con los chicos y lleva varios botones de la camisa sueltos, mientras que la pequeña es retraída y parece una monja, aunque tenga buen cuerpo.

Karla se desviste e ingenuamente se mete al baño y abre la llave. Por supuesto que no hay agua. Le toca sacar un pote de un gran tobo y racionar. Es bañarse una vez al día o no bajar el trono durante la semana.

Un rato más tarde ya está en su salón enterándose que reprobó una materia, lo cual le impide hacer pasantías, tesis y en general graduarse. Sabe que debe reaccionar rápido, piensa en todas las posibilidades: llorar, sobornar e incluso considera la opción de insinuarle al profe que si le pasa la materia alguna rica recompensa puede tener mas reconfortante y excitante que los 120Bs por hora que gana dando clases.

Tampoco se puede quejar, durante todo el semestre estuvo entre rumbas del Yaque, Juan Griego y Los Roques, pero sobre todo en Playa Parguito, esas fueron las mejores, piensa.

Su sonrisa se le borra de la cara porque aparece Alexander, el chamo con el que salió hace como tres meses. Terminaron un día que se la llevo a Bora Bora y caminaron hasta la orilla de Playa las Caracolas. Tuvieron sexo y le acabo adentro a Karla, ella fue quien decidió dejarlo así.

Como nunca le había pasado eso, movió cielo y tierra para conseguir una Postinor y del trauma probó Malta con Canela. Todavía le dan nauseas de pensarlo, pero más aún que estaba caminando por la 4 de Mayo rumbo a un laboratorio clínico para sacarse la sangre. Hacia dos meses que no le bajaba y cinco chicos luego de Alexander. Tremenda perlita que le había tocado, tenía que salir de la duda.

Cuando acabo con eso recibió un texto de su madre pidiéndole que fuese al Sigo del Sambil a comprar harina y mantequilla que iban a llegar, al mismo tiempo que recibió la llamada del chico con el que sale.

-Vámonos a Coche ya mismo- Le dijo “Conejito”, como le llamaban algunos.

-¡¿Qué!? No puedo.

-Coño va a haber una rumba y un pana tiene casa allá.

-Bueno dale, déjame resolver.

Llamo a la única que podía salvarla, su hermanita Naomi tenía cédula que terminaba en su número y la gente le creía que era mayor de edad. Le rogó y le suplicó que hiciera la cola por ella, prometiéndole que antes de las siete ya estaría buscándola. Apenas eran las 12m. Su hermana acabo accediendo a guardarle el secreto.

A Karla mientras tanto, la buscaron en una camioneta llena de desconocidos pero se sintió feliz cuando le comentaron que viajaban en catamarán. Doce horas más tarde había fumado tanta mariguana que el mar del caribe y la tierra no parecían estables.

 

Karla se sentía dentro de una película cuando se despertó. Estaba bajo un toldo en Playa La Punta, tenía solo su cédula y 500bsF. No se acordaba de nada pero le molestaba el sol y tenía la piel insolada.

Como pudo consiguió ir en guagua hasta el puerto, en el camino escucho a dos señoras hablando, diciendo entre otras cosas que era sábado. Karla se había ido para coche el jueves.

-¿Supiste de la niña que mataron en el monte? Estaba haciendo una cola en el Sambil- Le dijo una a la otra leyendo el celular.

-¿Haciendo cola hoy?

-No… la encontraron hoy, pero la mataron el jueves.

Llegaron a Margarita, Karla pago con lo que pudo el pasaje de regreso en los botes y durante todo el camino se aguantó las ganas de ir al baño, el ardor, el dolor de cabeza y sobre todo la sed que la azotaba entre tanta agua salada. No se atrevió a moverse porque le ocurrió que la chica de la cola podía ser su Naomi.

Su teléfono había desaparecido así que no podía preguntar. Agarro un rojito en la isleta e iba muriéndose de frio, pero el miedo que más la hacía temblar era la idea de que a su hermanita le hubiera pasado algo por no ir a buscarla.

Cuando llego, camino rápido cruzando en zigzag por el centro. Paso por enfrente del laboratorio donde tenían sus exámenes y tuvo temor de verlos cuando los retiro con apuro, lo dejo para después.

Agarro por fin para Pampatar, se bajó en la vía y camino descalza por la arena tanto como pudo, siguiendo el camino a su casa. Todo en su hogar parecía cerrado. Hacia meses habían entrado por la propia puerta en pleno día y habían sacado todo lo de valor. Solo dejaron un par de ventiladores viejos, ¡ah! y la foto enmarcada del Comandante Supremo que veneraba su padre seguía fija ahí, hasta parecía que la habían enderezado.

Se paró firme y empujo la puerta, lo primero que vio fue a Naomi, quien la miro con expresión torcida. Bien, al menos estaba viva y eso estaba bien. Al querer abrazarla Naomi le dio un empujón que hizo caer la prueba de embarazo, en ese momento la mamá entró a la sala desde uno de los cuartos y vio como Naomi, recogiendo la prueba de embarazo y leyendo en voz alta hasta el nombre del laboratorio terminó su discurso con papel en mano diciendo la temida palabra.

-Positivo.

La madre dio vuelta y en un gesto de resignación exclamó.

Ahora entiendo por qué dicen por ahí que eres la Perla del Caribe.

Histora escrita por: Génesis Gámez

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