Todos han saboreado las mieles del sexo casual al menos una vez. Por eso siempre que podemos te damos datos para que no te pongas en riesgo. “estaba borracho” “le tenia demasiadas ganas” “era en ese momento o nunca” son las excusas que delatan el ratón moral. Veamos que dice la historia de Gabriela, una chica que nos quiso compartir cómo fue su único encuentro circunstancial.

Gabriela:

“Yo le tenía ganas desde hace años, porque lo conocí a través del hermano de un amigo y nos encariñamos gracias a un viaje que hicimos a la playa. Siempre se notaba que había una atracción entre los dos. Él se quedó grabado en mi memoria, porque el día del cumple de un amigo le dimos la cola y a mitad de camino se bajó en medio de la calle a orinar… se podría decir que como con los ojos. Luego de eso, nos hicimos muy amigos y nunca le demostraba que me gustaba ni nada por el estilo. Eventualmente íbamos a tomarnos algo a solas y la rutina se repetía constantemente, él me lanzaba puntas pero nunca decía nada rotundo.

Lee también:

 Crónicas de Venezuela [Capítulo 9] Mucho más que playa, sol y arena

Crónicas de Venezuela: El atleta del semáforo

Hasta que un día me harté de ser hipócrita, lo estaba llevando a su casa y le confesé que me gustaba desde que lo conocí y quería tirar con él. Le advertí que lo iba a buscar al día siguiente para sacarme la espinita. Lo fui a buscar y el pana no se creía el cuento. Yo nunca había ido a un hotel, pero en esa ocasión, me provocó, yo tenía un año y medio que no me acostaba con nadie. Estaba urgida, no solo llevaba el queso a él, le llevaba queso a la humanidad, ya tenía días viendo a mi perrito con deseo. Los mecánicos me silbaban en la calle y yo estaba que les decía para arreglar el asuntito, en vista de mi situación.

Él no tenía dinero y yo no quería esperar que se hiciera de noche para ir a su casa o a la mía. Pagué por una habitación con jacuzzi y sauna, después pensé “que pendeja, ni que fuera mi novio”. Ese día pagué la novatada, porque era mi primera vez en un hotel, metí la tarjeta de la puerta al revés y no me sirvieron ni las luces, ni el jacuzzi, ni la música. Prendí la tele y me puse mi canal porno, yo estaba como en otro mundo. Empezamos a besuquiarnos y a hacer el sebito de rigor. Luego comenzó la sesión de sexo anormal, cambiamos de posición cada dos minutos como unos desesperados. Todo se terminó y no teníamos nada que hacer, sino hablar mariqueras “la amistad no debe cambiar” con las imágenes del canal porno de fondo.

Para rematar con broche de oro, me invitó a comer arepas. En la arepera los temas eran demasiado nulos, él decía “esto se puede volver a repetir” y yo pensaba, “sí claro”. Él no iba a pretender que yo mantuviera la parte sexual de su relación, porque cabe destacar que a su novia no le gustaba tirar. Obviamente todo se volvió demasiado incómodo porque el pana se pasó de chismoso y le contó a los amigos, todo el mundo se enteró y hacían comentarios alusivos, por ejemplo “¿tú nunca has ido a un hotel en La California?” o “¿cuánto costará una habitación con jacuzzi y sauna en este hotel de La California?”. Desde entonces apliqué la de “Si te he visto no me acuerdo

Ocaso encantador

A los meses, un amigo de los que él le contó eso, se fijó en mí, yo pensaba que iba a querer nada serio conmigo por lo que todos comentaban. Ya me había mentalizado, estaba segura que si algo pasaba sería semejante al experimento anterior, tétrico por demás. A pesar del tiempo transcurrido, los chismes de mi ex arrebate todavía estaban en la palestra. Para curarme en salud le conté personalmente mi experiencia casual con su amigo y sucedió todo menos lo que yo me esperaba. Fuimos novios durante un año, según me demostraba él, nunca le dio importancia a lo que me había pasado. Esa experiencia de ninguna manera marcó mi vida. Solo la recuerdo y la tengo como experiencia.”