Que Trump ganara las elecciones presidenciales en Estados Unidos solo se puede describir con un término: los gringos la cagaron, y si un país en el mundo tiene moral para criticarlos, es Venezuela.

¿En qué cabeza cabe que un país históricamente rico, lleno de oportunidades y con un candidato odiado por casi todos los medios informativos y de opinión, el pueblo vaya a elegir justamente a esa persona por sus capacidades demagógicas? En ninguna, especialmente no en la de un venezolano.

En tanto llegue el 20 de enero de 2017, fecha en que Trump asumirá y comenzaremos a ver realmente si sus intenciones son reales o pura propaganda altanera, quizá no sea demasiado ocioso empezar a imaginar qué coños pasó por la cabeza de tanto estadounidense blanco -que fueron quienes más lo votaron-.

Donald Trump presidente

Quizá el pueblo de Estados Unidos prefiere buscar soluciones  simples a sus problemas complicados: en vez de buscar a un candidato un poquitico más conciliador como lo era Hillary Clinton (poquito, pero bueno), esperando soluciones sostenibles a largo plazo a sus problemas, prefirieron buscar a un hombre que de todos los problemas del país culpaba a “amenazas extranjeras”, y que no hablaba nunca de “solucionar”, sino de “aplastar” o “demoler”.

Entonces uno podría decir: tal vez en Estados Unidos muchas personas son como Trump en el fondo. Quizá hay racismo, misoginia y extravagancia latente en ellos, y los medios simplemente no lo quieren mostrar. Puede que esta clase de líderes se correspondan con algo que las sociedades quieren negar de sí mismos. Así, se cumpliría eso de que: “cada país tiene al gobierno que merece”.

Tendría sentido. Consideremos, por ejemplo, el caso de Bill Clinton y su romance con Mónica Lewinski: después admitirlo y pedir perdón públicamente, su popularidad volvió a subir. Parece que nos gustan los líderes, que admiten ser personas imperfectas como nosotros.

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Pero una ultima cosa, acaso, sí se le debe avalar al pueblo de EE. UU.: que muy a pesar de la opinión global, ellos votaron por un candidato que se corresponde con sus intereses.

La xenofobia en Estados Unidos se ha alimentado por hechos más o menos tangibles, como la ola de atentados terroristas que han vivido los países del primer mundo, y la inmigración constante, que cada vez repasa más y mas las capacidades del país. Lo raro hubiese sido justo lo contrario, que eligieran a un candidato que prometiera abrir de piernas a Norte América a los países extranjeros.

Supongamos -caso hipotético-, que en algún remoto lugar exista un país que se declare en crisis económica y social, y sin embargo su gobierno soltara ayudas contantes y sonantes para otros países. Un país en decadencia, pero con un gobierno con la cara tan lavada de querer asesorar e instruir a sus vecinos. ¡Sería un contrasentido! Digo: ¿ustedes imaginan algo tan descabellado? Yo, la verdad, no puedo.