La era de la información clara y transparente ha muerto; con la llegada de las “fake news” nos toca vadear aguas turbias y peligrosas.

La intervención rusa tanto en las elecciones de Estados Unidos como en el conflicto catalán son pruebas irrefutables de que nos adentramos en una nueva Guerra Fría. Las armas no son letales pero tienen el mismo efecto masivo; la desinformación se esparce como lo hiciera otrora el gas Mostaza.

 

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No se trata de ataques puntuales a tal o cual nación; el armamentismo de la desinformación tiene más que ver con la siembra de planteamientos estratégicos para modificar el horizonte político que con rupturas de relaciones bilaterales. No solo se trata de implantar noticias falsas que alteren la percepción del público sobre tal o cual asunto; además de ello hay que sumar los ataques informáticos directos. Según El País, en Holanda los servicios secretos rusos han intentado influenciar la opinión pública en numerosas oportunidades; por otra parte, el gobierno danés ha confirmado que hackers rusos han pirateado el sistema de Defensa durante dos años y Polonia es uno de los países con mayor número de computadores infectados con Ransomware.

Mientras más y más medios como Facebook se proponen redefinir su rol en la difusión de noticias, a nosotros nos queda abrir los ojos y no quedar como peleles en el juego de otros.  El Pew Research Center realizó una encuesta a 1.100 expertos en tecnología y académicos sobre el futuro de la información en la red; el 51% de los encuestados concluyó que no le ve solución al menos por los próximos 10 años.

Mientras Google, Twitter y Facebook siguen buscando respuestas, el curso de acción más efectivo sigue estando en nuestras manos. Fortalezcamos nuestro criterio al  consumir información para no ser presa fácil de cuanta oferta engañosa aparezca en el camino.