El domingo llegó y el gobierno hizo caída y mesa limpia con las gobernaciones. Pasó lo que sabíamos que iba a pasar y si te sorprendió tanto como a la MUD, lamento decirte que es porque no le estás prestando mucha atención al asunto.

Por si vives debajo de una piedra o tienes complejo de avestruz, el PSUV ganó 18 de las 24 gobernaciones disponibles. Si, dieciocho; pero empecemos por el principio.

Cuando se instaló la Asamblea Constituyente, no faltó el dirigente que proclamara que no iban a participar de las elecciones. Después cambiaron el discurso y usaron la excusa de “conservar espacios” para justificar su participación.  El CNE hizo lo que le dio la gana: Cerró centros de votación, migró votantes y nadie dijo nada.

Llegó el domingo y vivimos un calco de lo que han sido las últimas elecciones. La gente salió y votó. Después vino la rueda de prensa de los dirigentes de la MUD en televisión mostrando sus mejores sonrisas; seguida por otra del PSUV haciendo exactamente lo mismo.  Esta vez, a eso de las nueve de la noche, la dirigencia de la MUD dio otra rueda de prensa; esta vez con caras largas advertían a la población del fraude.

A las 10 apareció Tibisay para presentar tendencias irreversibles, cosa que nunca pasa, y allí estaba el daño. El mapa rojito que usó la oposición como punta de lanza durante toda la campaña: “Si no votamos, le estamos entregando el país al gobierno”. La gente votó e igual el mapa se pintó de rojo, ¿y entonces?

La lógica indica que si la MUD había previsto la trampa, podía salirle al paso a los resultados del CNE con pruebas suficientes para refutar esos números; pero pasaron las horas y nada. Entonces, el discurso de los dirigentes de la oposición es que perdieron votos por la abstención. Señores, en las elecciones regionales de 2008, la abstención fue de 65.45%, así que vayan a venderle humo a quien aún se los compre.

La MUD se encargó de convencer a todo el mundo que con observadores internacionales y cuidar el voto los resultados estaban blindados. Después de las elecciones, lo que hicieron fue regalarle al régimen otra bocanada de aire. La constante incoherencia de la MUD le presentó al régimen en bandeja de plata los argumentos suficientes para darle la vuelta a todo y afirmar que no tienen tracción dentro del pueblo opositor.

Confían en la poca memoria del venezolano para esconder sus incongruencias. Llamaron a la desobediencia civil, dijeron que la salida era la calle y la gente los apoyó. Enfriaron la calle solo para llamar a participar de un proceso del que ellos mismos dudaban hace unos meses. Si estamos en una dictadura donde el régimen controla todo, ¿por qué se prestan a participar de un proceso viciado?

La MUD como conglomerado está muerto; su credibilidad no existe más allá de los fanáticos con gríngolas que los apoyan en cuanta aventura improvisada se les ocurre. Toca impulsar un nuevo liderazgo que sea capaz de darle el tiro de gracia a ese zombie que nos mantiene anclados en el mismo lugar.