En cualquier juego las reglas son importantes. Más aún cuando esas reglas son aprobadas por los dos bandos que van a jugar y te las venden como “el mejor set de reglas que existe en el mundo”. Pero este gobierno no es otra cosa que el bully del parque, que quiere cambiar las reglas cuando se da cuenta de que está perdiendo y por viaje.

La gente pidió por todos los medios que el régimen jugara por el libro y la respuesta -fuese con insultos, golpes, lacrimógenas o balas- siempre fue la misma: No. No porque tenemos el poder y no nos da la gana.

En su borrachera de poder, al gobierno se le ocurrió la “brillante” idea de lanzar una constituyente porque si, acabando de una vez por todas con lo poco que quedaba del hilo constitucional. Pero como en todas las grandes historias, cuando el protagonista se da cuenta de que tiene la razón y un millón de factores en contra, sólo le queda una cosa por hacer: Rebelarse. En la rebelión de los últimos cien días, la gente ha encontrado la forma de presionar a propios y extraños a andar por el carril.  Con cada paso, trancazo y plantón se fue forzando la mano de los dos bandos hasta que logramos que se diera algo que el gobierno buscó evitar a toda costa: una consulta popular.

Este régimen, que ostentaba un record casi perfecto en cualquier proceso electoral, ahora huía de las elecciones como alma que lleva el diablo, pero a cada cochino le llega su sábado. En dos semanas se armó una votación que, sin importar su nombre, le dio dimensión a la realidad que el régimen se había empeñado en no ver.

En dos semanas, sin apoyo del CNE ni maquinaria automatizada, se armó una consulta popular cuyos resultados no son sino otra bofetada más a la ya hinchada cara del régimen: 7.186.170 venezolanos votaron a nivel nacional e internacional e hicieron saber su opinión sobre una nueva constituyente. No faltarán quienes digan que hablar de un proceso organizado por la propia oposición como una bofetada es algo indulgente; a esos mismos hay que recordarles que cuando Chávez llevó la constituyente del 99 a consulta popular, logró que pasara con el apoyo de 3.516.558 venezolanos. Hoy casi el doble la rechaza.

Subir la intensidad a la presión de forma gradual ha dado resultados. Se dice que si un sapo se lanza a un recipiente con agua hirviendo, este reacciona de inmediato y de alguna manera brusca logra salir de ese infierno. Pero si se sumerge en una olla con agua fresca, y gradualmente se le sube la temperatura a esta, el sapo puede morir hervido sin reaccionar.