En las últimas semanas la gran cantidad de denuncias de acoso, abuso  y agresión sexual ha sido vertiginosa.

Hace un par de semanas, dos mujeres publicaron en redes sociales que habían sido acosadas por el antiguo actor de Gossip Girl Ed Westwick en 2014. Una mujer originaria de Washington, se convirtió en la tercera que compartió su experiencia con la estrella de Entourage Jeremy Piven, quien supuestamente restregó sus genitales en ella y eyaculó “en mi blusa cuello de tortuga blanca”.
Esto sin contar las caídas de gracia de personajes como Kevin Spacey, Louis CK, George Takei y el ya muy documentado caso de Harvey Weinstein. El torrente de historias y acusaciones no parece detenerse; pero definitivamente es síntoma de algo mucho más complicado: El abuso de poder de quienes lo han detentado por tiempo prolongado debería generar cualquier tipo de reacción menos sorpresa.

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El abuso de poder va más allá de los actos de agresión sexual que lo han puesto en la palestra. Por definición implica infringir los límites de lo correcto; además;el tipo de personas que incurren en estas actividades generalmente usan sus poderes con fines egoístas y personalistas para evitar el escrutinio de sus propios asuntos y conducta.

No importa el ámbito, el abuso de poder sistemático es más común de lo que pensamos en la sociedad moderna. Pero hay una solución a este tira y afloja que parece no tener fin: Si las estructuras de poder que permitieron ese tipo de eventos se mantienen; evidentemente seguirán ocurriendo.
Ha llegado el momento de dinamitar esas estructuras, de una vez y para siempre.