En estos dos meses de protestas se han hecho visibles dos cosas que llaman poderosamente mi atención: La gente ya no tiene miedo y definitivamente no somos los mismos de hace tres años.

En 2014 cuando se planteó “La Salida”, las convocatorias a la calle fueron masivas, pero terminaron casi de la misma forma como comenzaron: de repente. Estos dos meses de lucha, de ahogarnos en gas lacrimógeno, de ver caer hermanos y amigos, definitivamente son diferentes a aquel abril de 2014. Se viven diferente y una de las razones para ello es que ya no hay miedo.

La otra, que me parece mucho más importante, es que la gente está clara. Hemos alcanzado un punto donde descubrimos que somos muchos contra pocos. Sabemos que esta coyuntura es demasiado importante como para dejar que otros decidan por nosotros y no estamos dispuestos a abandonar la batalla solo porque otros crean que es el camino más adecuado.

Vivimos tiempos extraños, quizás se debe a que el antecedente más cercano ocurrió hace más de sesenta años. La gente, esa que un día se restea, llena avenidas y horas más tarde vuelve a su rutina de trabajo y colas, está clara que en que esta es una guerra de aguante. Una guerra con batallas que se libran en muchos frentes: en las marchas, el metro, las aulas y las oficinas. Una pelea en que la única opción es vencer.

El enemigo ha lanzado sus trapos rojos tratando de desviarnos y confundirnos, pero nuestra meta es una sola y estamos en la mitad del trayecto para alcanzarla. En este punto, cuando las rodillas quieren flaquear y las dudas comienzan a aparecer, que debemos hacernos más fuertes. Apoyarnos en quien tenemos a un lado y recordar que los logros más importantes se construyen un día a la vez.

Hoy estamos más cerca que hace unos meses. Hemos ganado terreno, aliados y una visibilidad que ha reducido las horas de sueño del enemigo. ¿No me crees? Mira las ojeras del tipo en su cadena más reciente. Por algo decía Winston Churchill sobre la guerra que no es tiempo de confort, sino de arriesgarse y resistir.

Antes de cerrar este editorial, quiero reiterar a los políticos que nos han acompañado durante estos meses de batalla que no somos los mismos.  Hemos crecido y aprendido.

Nos ha costado mucho llegar hasta aquí. No retrocedan, nosotros no lo haremos.

No se equivoquen ni se dejen engañar, nosotros no somos pendejos.