Para armar un rompecabezas hay que ser paciente; porque es mucho el tiempo que pasa mientras le das vueltas a las piecitas, tratando de hacerlas encajar para replicar la foto de la caja. A los chamos los ponen a resolver rompecabezas para ejercitar el desempeño lógico y la paciencia. Características cada vez más escasas en el venezolano de hoy en día.

La salida del régimen ha sido como armar un rompecabezas de dos millones de piezas. En un principio, empezamos a poner las piezas a tientas, como mejor nos parecía. Conforme han pasado los años, hemos entendido que hay que revisar todos los bordes de cada pieza. Nos paramos, tratamos de evaluar todas las variables y al final: ¡pum! Viene alguien que patea la mesa y tira todas las piezas al suelo.

Es difícil pedirle paciencia y lógica a quien lleva más de 18 años tratando de terminar el juego de una vez por todas. Hemos tratado de unirlas a la fuerza; también hemos visto ciertas personas han dicho que nos van a ayudar pero terminan escondiendo o hasta botando las piezas. Uno, igual que cuando éramos niños, se frustra y le provoca no jugar más. Entonces, cuando uno estaba al borde de un ataque de histeria, siempre aparecía una persona que movía las piezas y mágicamente hacía que empezaran a calzar.

No ha sido fácil que alguien mire hacia dónde estamos y se dé cuenta del cangrejo que tenemos armado. Aparte, con el paso del tiempo hemos aprendido a mover las piezas. Señores, como hemos dicho antes, el esfuerzo ha valido la pena: Las piezas están cuadrando. A su tiempo, pero van encajando.
Lo bueno es que cada vez faltan menos para completar la foto.