El orgasmo.


El cerebro es una casa de bastantes habitaciones. Unas, se encuentran encendidas, y otras, permanecen en profunda oscuridad. Y el sexo, o sus consecuencias, apuntan a un camino similar.

Es decir, el orgasmo, además de evocar una nube de placer alrededor de la cama, también, causa en el cuerpo, una serie de efectos secundarios que podríamos tildar de raros.

Llorar después de alcanzar picos de placer; expresar dolor tras gemir desenfrenadamente, o  ahogarse en una catarata de estornudos después de acabar en el ano de una desconocida, son las respuestas más extrañas que ha reunido un estudio realizado por un par de médicos.

Luego de una exhaustiva investigación, peinando cada flequillo de los medios de la ciudad, encontraron una pizca de evidencia.

Una insegura mujer de los suburbios, a través de una columna de citas de una revista, reveló que su novio sufría incontrolables ataques de risa ante el preludio de la eyaculación.

Ambos doctores experimentaron un sabor agridulce en sus gargantas.

La queja rozaba la inmadurez infantil, sin embargo era la prueba que necesitaban para empezar a construir su teoría.

Los demás efectos secundarios como los sollozos incontrolables o los súbitos pinchazos de dolor pudieron ser extraídos de un estudio previamente realizado por la comunidad médica de la ciudad.

El primero de ellos tenía sus raíces científicas en el término disforia postcoital, no obstante, en otras investigaciones llegaron a la conclusión de que el llanto no estaba relacionado con el orgasmo, y que como era una emoción, podía manifestarse antes o después del acto sexual.

Echando una mirada al pasado de los enormes estantes de la biblioteca de medicina, se toparon con otro extraño caso.

Un sujeto que no podía frenar la cantidad de estornudos que expresaba involuntariamente después de haber escalado hasta el orgasmo.

Así, con los accidentes sexuales de la risa, el llanto y el estornudo, reforzaron el estudio previamente hecho y formularon la siguiente afirmación: La práctica sexual es una casa de de bastantes habitaciones apagadas, y nosotros hemos encendido, a medias, la bombilla del orgasmo.