Pasaron los días y seguimos en la misma crisis. La única diferencia es que ahora las elecciones regionales están a la vuelta de la esquina y un importante sector de la sociedad aún duda en participar o no.

La campaña ha sido escueta, pero no falta de fondos. Como todos los años, cuando llega la temporada electoral, los candidatos no solo se deshacen en promesas sino que hacen gala de sus habilidades para descalificar al contrario. El punto es que este año, eso no es suficiente para vencer.

Pareciera que la consigna de ambos lados es una sola: “Vota. Vota que después resolvemos”. Lo triste del nivel de improvisación que está implícito en esa frase se leen claras las razones del por qué estamos como estamos.  A los dirigentes del país del “como vaya viniendo, vamos viendo” sólo les interesa mantenerse -a como de lugar- en las posiciones que ya tienen.

Estas elecciones eran un invento del régimen para ganar tiempo; pero cuando la oposición las convalidó, defraudaron al montón de gente que votó en el referéndum del 16J.  Entonces ahora, cuando piden ir a votar y la gente se niega, son incapaces de darse cuenta del por qué.  Los líderes, de lado y lado, quieren autómatas. Robots inconscientes que amen votar, no importa si las opciones disponibles son correr o caminar directo al barranco.

Votar en dictadura es un exabrupto: Puedes votar pero no eliges. Votar en estas regionales es perder seguro. ¿No me crees? Evaluemos los escenarios posibles.

Primer caso: La MUD no va a las elecciones, el régimen gana todo y seguimos pelando.

Segundo caso: La MUD participa de las elecciones, ergo, valida al árbitro que llevó a cabo la elección de la ANC después de que lo descalificó hasta la saciedad. Pero sigamos suponiendo… supongamos que la oposición gana las gobernaciones. ¿Qué impide a la ANC eliminar gobernaciones u otorgarle las funciones del gobernador a alguien que ellos designen? Nada, verdad.

¿Conclusión? La misma de el caso uno: Seguimos pelando.

Participar en las elecciones implica jugar un juego arreglado con un árbitro parcializado, donde por más que lo intentes, ganar es imposible.