El relato de esta semana de la Escuela Nacional de Cine

Solo camino, ya no duermo, tengo una mujer atravesada entre los parpados, mientras no la olvide, seguiré siendo un muerto, un muerto viviente que mojado en sus vicios camina como un zombi detrás de cuerpos que no significan nada, busco en la multitud y solo logro ver patrones y formas clandestinas que me gritan y me gritan pero no me dicen nada, estoy harto de verte en cada rincón de mi casa, así que decidí salir pero aun te sigo viendo en cada maldito rincón del teatro, la manía de pasar el dedo índice por mi rostro cada 5 segundos, ahora se ha vuelto de 3 y la marca de mugre en mi cara se ha convertido en un pequeño lunar, es difícil pautar el momento exacto en que los patrones empezaron a hacerse mas evidentes y no podía parar de contar y moverme de la misma forma, de sobrevivir a mi mismo, de volver a enumerar todo como un desquiciado, de moverme de maneras exactas.

Pido un ticket, me fijo en las gotas de sudor de el hombre que vende los tickets, suprimo mi mente y solo puedo mirar esa gota de sudor, esa gigante gota de sudor que se desliza sobre su frente, el hombre de los tickets me habla y me doy cuenta que mis labios están resecos, pero no lo oigo, oigo que habla, pero no entiendo lo que dice, doy el dinero, mecánicamente lo ordeno por valor, los aliso un poco y se los entrego, el hombre me entrega el ticket y salgo de la cola, me siento a esperar y mi pierna se mueve de forma repetida, se mueve y mi cuerpo se mueve con ella, veo hacia los lados, volteo los ojos y miro las personas pasando con sus potes de cotufas y sus bebidas, los miro fijamente, los sigo en su recorrido y me lamo los labios, me doy cuenta que aun tengo la boca seca, así que decido comprar algo, miro mi estomago y ahí esta, siempre acompañándome, esa porción de grasa con un ojo extraterrestre que le llamamos ombligo, me levanto, afino las arrugas de mi pantalón y arremango mis mangas, pido una Coca-Cola, pruebo un trago, y casi como un cliché aprendido emito un sonido parecido a un orgasmo, después de un buen sorbo de Coca-Cola, agarro mi refresco con las dos manos, como queriendo que no me lo quiten, es mío, M-I-O, es mi refresco, mi propiedad, nadie me lo va a quitar, un señor quita un pedazo de mi boleto y me lo devuelve, lo veo, lo tengo en mis manos, la mitad esta mal recortada, los bordes no están uniformes, hago todo lo posible por que el boleto este recortado en una línea recta, pero no lo logro y me rindo, lo tiro al piso apenas apagan la luz, procuro sentarme en una esquina por si tengo la necesidad de salir de la función, tomo otro sorbo de mi refresco y miro esa pequeña porción de panza, que tengo justo antes de la cintura, me desprecio , así que decido dejar el refresco en el piso, espero un rato, la función no empieza y la luz sigue apagada, decido salir, trago saliva y sabe a azúcar, desprecio la azúcar que baja por mi garganta, entro al baño, abro la puerta del baño, con mi lengua busco la ultima gota de coca-cola que quedo en mi boca, la saboreo, abro la puerta del baño, me agacho y vomito, me enjuago la boca, al igual que todos los síntomas no puedo acordarme la fecha en que empezó, pero se que me hace sentir mejor, me hace ver mejor, recuerdo la mano de Eva tocando mis costillas y satisfecho salgo del baño, entro a la sala y un señor voltea a mirarme, me odio por interrumpirle.

La función empezó y yo me perdí la primera parte, ya no sirve de nada ver la obra, no me gustan las cosas incompletas, así que decido sentarme y observar al publico, poner mi cerebro en mute y solo observar, observo las risas, las caras de entendimiento, pero sobretodo las caras de vacío, me molesto y mis tics comienzan a hacerse mas notables, muevo la pierna de una manera tosca, toco mi cara y me muevo de atrás hacia delante, trago saliva y me mojo los labios de forma repetida, decido irme de la sala, no soporto mas no tener el control, vine a despejarme, vine a olvidar con una “te” al final y no sirvió de nada, mi sentido de la vista todavía se adapta a la oscuridad, así que decido quedarme un rato, la gente reclama o grita tal vez se ríe, hace rato que perdí el control de la situación, busco desesperadamente un blanco en mi oscuridad, un blanco que me de un poco de luz y encuentro unos ojos, unos ojos marrones que iluminan tanto como una luciérnaga, se me parecen a los de Eva y mis manos se acalambran casi como un auto reflejo, pienso en ella y comienzo a empeorar, pero es que, ¿que puedo hacer? si ha venido la muerte a buscarme fingiendo tu nombre y apellido, justo en el momento en que estaba mejorando, dime como no seguirla.