¿Pensaste que algún día podrías engullir con ferocidad tus comidas favoritas sin temor a engordar como un oso polar hambriento que ha terminado de hibernar?

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Resulta que la universidad de Singapur se ha encargado de confeccionar la compleja interrogante y también de emitir la extraña respuesta, por medio de un menudo simulador que evoca de forma exacta los cuatro sabores que se encuentran alojados en los sectores gustativos del paladar.

La investigación realizada por el doctor Nimesha Ranasinghe ha funcionado de forma abrumadoramente positiva en cada uno de los participantes que formaron parte del innovador estudio.

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Ranasinghe sintetiza el tamaño de su creación en una sola palabra. Temperatura. El simulador basa su éxito en una placa de electrón que al calentarse produce la inobjetable sensación de estar al frente de una suculenta parrilla, mientras que al enfriarse puede notarse el agradable sabor de un té con hierbas de menta.

En adición a su ingenioso artefacto, ha elaborado junto con sus demás colegas de investigación, una pequeña pantalla que proyecta el simulador en relación a la temperatura que se encuentre en ese momento, y por ende, a la sensación del holograma gustativo que se esté experimentando.

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Si la curiosidad ha pavimentando sus dudas respecto a la información que se ha publicado aquí, pueden observar por sus propios ojos, –pa que vean que no es paja– lo que estoy diciendo.