No todo lo que brilla es oro” es la única frase que viene a mi mente cuando me adentro en los rincones más tenebrosos de un mundo del cual solo se ha visto la punta de su iceberg: El fútbol.

Detrás de los equipos, las fanaticadas y los grandes jugadores, se mueve un negocio muy difícil de comprender pero que poco a poco ha ido revelando a diversos actores y escenarios que a lo largo del tiempo han manchado el nombre del “deporte más bonito del mundo”.

El balompié ya no es como antes, sobrepasó a la pasión de los hinchas, su tradición y lo atractivo del juego.

Dinero, dinero, y más dinero: El factor más importante en esta movida, ya el amor por los colores no identifica a los intérpretes del balón.

Podrán haber jugado en una entidad desde niños, pero al llegar un postor con 200 millones de euros/dólares conseguirá cambiar tu cariño por ambición, en el mal sentido de la palabra.

No es de extrañar que en estos casos, los futbolistas involucrados siempre han declarado que “el proyecto” de la entidad les parece interesante y que es la única razón por la que deciden partir de sus casas.

Mentiras y más mentiras, yo también vería con buenos ojos una maleta con 230 millones sobre mi mesa.

Ahora pregunto a cualquier futbolista de la audiencia, ¿acaso no puedes vivir con un sueldo de 100.000 dólares a la semana?

Esto es culpa única y exclusivamente de los agentes que los asesoran: El ejemplo claro se puede encontrar en Europa, jugadores como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, las máximas figuras del “deporte rey” de la actualidad, están vinculados con fraudes a hacienda en España por haber “desviado” grandes sumas de dinero que eran destinadas a sus pagos de impuestos.

Lo más cómico del caso es que estos tienden a delatar indirectamente al autor intelectual de estos asuntos de manera indirecta.

Resumiendo parte de la declaración de Messi a la justicia española, éste aseguró que “solo se encarga de jugar fútbol”, que sobre de esos temas “no sabe nada” y por eso tiene “gente que trabaja alrededor de él que tramita dichas operaciones”… más claro imposible

Esto se convirtió en un juego de mercenarios.

Saliendo del engramado, en el palco de los estadios se mueven muchos hilos y varios Estados se han hecho propietarios de diversos equipos con renombre, pero ninguno de ellos son los indicados para llevar la batuta de este deporte.

¿Cómo saber eso? Desde hace años, diversos mandatarios de federaciones futbolísticas a lo largo del globo comenzaron a ejecutar actos de corrupción: Desde partidos amañados, hasta alianzas con empresas de procedencia dudosa para literalmente robar dinero y llenar sus arcas personales.

Gracias al karma, la mayoría de estos se encuentran tras las rejas pagando por sus delitos, y los que están fuera de prisión en algún momento rendirán cuentas frente a la ley.

Y el último problema no se encuentra en las oficinas de los clubes y federaciones, sino en la gente, los fanáticos que acuden a las canchas cada fin de semana.

Por más campañas de consciencia que se hagan, las autoridades del fútbol no han logrado erradicar dos males que abundan en los terrenos de juego: El racismo y la violencia.

Las noticias están plagas de sucesos violentos en los estadios, enfrentamientos entre espectadores que siguen escuadras distintas por motivos netamente cutres, asimismo, jugadores que son discriminados por su color de piel, personas que les gritan insultos, hasta les lanzan objetos al campo para hacerse notar.

Últimamente he coincidido con muchos en que ahora al ser humano le cuesta ser buena persona porque les genera pereza el comportarse bien, y si nuestro deporte favorito llega a su fin por culpa de unos desadaptados, es mejor prepararse para el velorio, porque a este ritmo, las cosas no pintan nada bien.