No importa la forma en que se mire, la muerte del gorila Harambe, en el zoológico y Jardín Botánico de Cincinnati, este fin de semana, fue una tragedia. El joven primate de 17 años de edad, macho, estaba en la flor de su vida, saludable y esperando ser de mucha utilidad en un programa de cría destinada a aumentar el número de las especies en peligro de extinción en el mundo.

Lo que es peor, un niño de cuatro años de edad consiguió introducirse en el recinto del gorila, resultando herido, pero no de gravedad. Los funcionarios del zoológico afirmaron encontrarse ante una difícil situación por lo que dispararon al animal, para salvar la vida del niño. Ese niño nunca debió están tan cerca de Harambe, de cualquier forma.

Alguien  metió la pata, tal vez varios.

Pero a medida que la Internet ha hablado una y otra vez (y otra y otra) acerca de los acontecimientos en el zoológico de Cincinnati este fin de semana, tratando de determinar exactamente a quién culpar, un pedazo de nuestra humanidad se ha perdido. Aquellos que apuntan a los padres y el zoológico ambos pueden tener un punto. En cuanto a aquellos que culpan al niño, tildándolo de idiota (según los medios), o incluso peor, no lo tienen.

¿Recuerdas tener cuatro años? ¿Recuerdas lo que solías hacer por aquel entonces? ¿Que comías arena y te incrustabas cosas en la nariz? ¿Recuerdas no tener permitido hacer ninguna de las cosas que los adultos hacen, como manejar un carro que querías manejar, o disparar un arma?¿Recuerdas que muchas cosas que hacías eran inexplicables porque solo tenías cuatro años, y que no podían otorgarte confianza para tomar ciertas decisiones?

¿Aun así piensan que el niño de cuatro años que entró al hábitat de Harambe y este lo tomó, es un idiota, o incluso peor?

El niño hizo lo que los niños hacen. No fue una acción sabia. Fue un suceso que debió haber sido frustrado por sus adultos e inteligentes padres (Es difícil decir si fueron la gente del zoo o los mismos padres quienes debieron estar más atentos).

Desafortunadamente, no se pudo evitar.

Por desgracia, los funcionarios del zoológico en ese momento no podrían girar hacia atrás el reloj. No podían hacer que los padres les importara su hijo un poco mejor. No pudieron reconstruir el recinto mejor para asegurar que ningún niño entrara. Ellos se quedaron solo con la decisión que, de acuerdo con el experto de animales silvestres, Jack Hanna, fue la correcta. Algo que fue absolutamente necesario para salvar la vida del niño.

La vida de un niño.

Porque  en Estados Unidos, se valora y se reconoce la infancia de un niño. No se les trata como pequeños adultos. Entienden que su pensamiento no está a la par con aquellos que son mayores, cuyas cortezas cerebrales han tenido más tiempo para desarrollarse.

Más importante aún, a los niños no se les hace responsables por las decisiones de los adultos. Es por eso que en Estados Unidos tienen un sistema de crianza de niños, en caso de que los padres no puedan hacerlo; y comida para los niños en algunas escuelas, que no pueden costearlo y que no pueden trabajar (y no deben) para pagarlo.

 

Sea lo que sea que haya pasado, la realidad es que el niño no puede tener la culpa de la muerte de Harambe. Harambe no merecía morir, pero tampoco el niño, un dilema social que hasta ahora está tomando lugar en nuestra sociedad…