A menos de que vivas debajo de una piedra, tienes Instagram y sabes cómo funciona.

Instagram, como todas las demás redes sociales es para presentar al mundo la mejor versión de ti mismo; no a ti mismo per se… Detrás de cada perfil hay una labor titánica de edición centrada en alimentar tu ego, haciendo visibles tus rasgos más favorables y no los peores.

Por ejemplo, en 2015 se viralizó el caso de Essena O’Neill. Una millennial que se convirtió en influencer a fuerza de las típicas fotos que podríamos llamar “inspiracionales”: Una chama catira, flaca y bonita mostrando sus beachy waves, modelando bikinis; comiendo breakfast bowls, quinoa y cuanta cosa esté de moda.

¿#Goals? No tanto. Essena, dijo sentirse atrapada en un mundo falso de perfección y, en un arranque de “honestidad” cambió las descripciones de todas sus fotos. En vez de mostrar el típico texto que usaría un influencer para acompañar la imagen, describió el contexto real en el que habían sido tomadas. Tras el revuelo causado por esto, anunció que crearía una plataforma para evitar que los jóvenes se sientan atrapados en las dos dimensiones que ofrecen las redes sociales. Hoy en día, después de haber proclamado a los cuatro vientos que eliminaría sus redes sociales, su perfil aún existe. Cuenta con una sola foto, no sigue a nadie y tiene 4330 seguidores.¡Ah! Y aparte admitió que su vida no se compuso mágicamente una vez que eliminó la cuenta.

Entonces, ¿honestidad o campaña de marketing?

Instagram nos está volviendo locos con cada scroll que damos. De acuerdo a un estudio llevado a cabo por la RSPH del Reino Unido, Instagram se posicionó como la peor de todas las redes sociales en relación a la salud mental de quienes la usan.  Si bien el hecho de compartir fotos se presta para poner en la palestra la expresión y la identidad de cada quien, también ha sido asociada con altos niveles de ansiedad, depresión y el infame FOMO o “Temor a perderse de algo” por sus siglas en inglés.

Resulta que eso de ver a tus amigos de vacaciones o celebrando mientras estás encerrado, disfrutando de tu dosis de patria tiene un efecto directo en tu salud psicológica. Estudios anteriores han sugerido que quienes pasen más de dos horas en cualquier red social son más propensos a sufrir aflicciones psicológicas.

Para cualquier usuario de Instagram las conclusiones de esos estudios no son nada que no hayan sufrido en carne propia. En la plataforma existen estándares de perfección absurdos. Cada quien trata su grilla como una galería de arte dedicada al yo-ísmo donde no hay lugar para el error.

Aceptémoslo, convertimos a Instagram en una máquina absurda para inflar nuestro ego. No importa la calidad del contenido ni de qué treta te valgas, siempre puedes tener más likes y siempre hay algún seguidor nuevo que atrapar. ¿No me crees? La compra de seguidores es cosa del pasado. Ahora la moda es sortear potes de Nutella para atrapar incautos.

Como sacado de un episodio de Black Mirror. Dentro de poco veremos cosas como: “¿Quieres ganarte medio kilo de papas? Sígueme, etiqueta a tres amigos y ¡ya estás participando!” Ya va… eso no es presentar nuestras mejores cualidades; eso es aprovecharse de una situación particular para engordar tu contador de seguidores. Eso lo que da es asco.

AS-CO

¿De verdad es tan importante tener miles de millones de seguidores? Si, probablemente. Pero creo que todo el asunto pierde importancia si los consigues poniéndolos a correr como galgos detrás de una presa.

La referencia a Black Mirror no es gratuita. La premisa de la serie es mostrar un futuro distópico donde la tecnología toma las riendas de la civilización. Si vieron la segunda temporada saben que hay un capítulo donde cada persona está rankeada de acuerdo a sus interacciones en redes sociales. Entonces, tus seguidores y los likes que consigas en cada foto determinan si vives en un apartamento tipo estudio o en un penthouse dúplex con ventanas panorámicas.

Muchas veces se ha dicho que la vida imita al arte, pero estamos a tiempo de prevenir que un numerito y la percepción de los demás nos vuelvan locos.

En serio, ¿en cuántos concursos caza conejos más vas a caer antes de abrir los ojos?