La construcción de la última línea de defensa para preservar la humanidad, tuvo sus cimientos en la tragedia del 9/11 y Katrina; los mandatarios alrededor del mundo se vieron alarmados ante la catástrofe natural y humana que había golpeado a sus países, concluyendo de forma unánime en que debía hacerse algo.

Y ese “algo”, empezó a ser incrustado en la falda de una montaña ubicada en la costa oeste del país noruego. Una obra de ingeniería de más de 120 metros.

Científicos de todas las latitudes del globo terráqueo han participado en el moderno prototipo. Trabajando en las diferentes fases en las que está dividido.

La entrada se abre paso a través del rostro de la gélida montaña cubierta en forma tímida por un manto de nieve -tiene la apariencia de una gran caja de aire condicionado- al que se llega por unas escaleras de cerámica pardas que dan hacia la bahía de la pequeña isla.

Una vez que las fauces del gusano abren, se materializa un pasillo reducido,  -encargado de cohesionar la entrada y las secciones inferiores- e impulsándose como escudo ante amenazas de cambios climáticos y erosiones, debido a que permanece fuertemente arraigado al núcleo de la montaña.

Al recorrer el “heroico” pasillo, se accede hacia las secciones inferiores que se dividen en cuatro cuartos. Sin embargo, no hay una diferencia marcada entre cada una de las habitaciones, simplemente es debido al diseño designado por sus creadores.

Allí, en cada uno de esos espacios, existe un cúmulo inesperado de elementos naturales. Semillas. Miles de semillas de diferentes tamaños, colores y sabores. Celosamente guardadas, para qué cuando llegue el tiempo indicado, sirvan como ingrediente principal y así sembrar en la tierra una nueva esperanza en la humanidad.