Para nadie es secreto que tras la imposición (y negociación) de la Asamblea Nacional Constituyente por parte del des-gobierno nacional, toda aquella señal de “fuego” y ruido en las calles creado por aquellos “líderes” opositores, ha cesado hasta un punto en donde todo ese sentimiento de adrenalina y rebeldía que brotaba en las caras de los ciudadanos se ha convertido en tristeza e incertidumbre.

“¿Y ahora qué?” es la pregunta que día a día se suele leer en las redes sociales.

No es fácil levantarse después de recibir una paliza comparable con la propinada por Floyd Mayweather Jr. a Conor McGregor hace un par de semanas. Pero esquivando los odiosos símiles, esta golpiza dada por el ejecutivo fue hacia un pueblo sin protección, indefenso y con los brazos atados; asimilando que algunas piezas fuertes que llevan la batuta en el bando de la irónicamente llamada “derecha”, también juega al autogol.

Como si fuera poco, dichos personajes con esa tambaleante jerarquía, poseen la creencia de que el gran colectivo de personas que apoyan los ideales contrarios a la administración que dirige la nación no tienen idea de sus convicciones reales. El ejemplo claro es que comúnmente se suele leer en las redes, el deseo constante de encontrarse con la noticia de la renuncia de Nicolás Maduro a la presidencia; pero aquellos que manejan las pobres directrices de la MUD recalcan que los venezolanos expresan cotidiana y urgentemente que la salida a los problemas del país es el famoso “diálogo” entre ambas partes.

No somos tontos, o eso suelo creer

Con el avance de la tecnología y el bloqueo comunicativo en los medios venezolanos, la información llega de forma inmediata y alterna a los dispositivos móviles y caseros de las personas, creando en éstas un sentido propio de consciencia sobre lo que está bien y lo que luce un poco mal. Y sí, tras la decepción de la ANC, todo lo que genera el bando de la “Unidad” huele muy mal.

¿Negociaciones por conveniencia?

Todo político adversario al Estado tiene un guiso montado con sus supuestos enemigos,  ninguno se salva, desafortunadamente; se dice en ese sentido puesto que el pueblo venezolano es como “un oso dormido” que espera un factor distractor para reaccionar y atacar al contrario para proteger “su cueva”.

En este caso, ni factor ni distracción ni supuestos “mesías”; todo lo que se pueda esperar no llega, puesto que el bienestar de un minoritario grupo es la prioridad de nuestros supuestos “representantes”.