Epicenter. Apréndanse ese nombre muy bien. E-P-I-C-E-N-T-E-R.

El nombre de esa compañía puede que no les sea conocido, pero han sido los artífices de una de las iniciativas más macabras que existen, y lo que es peor, han tomado a sus empleados como conejillos de indias.

Más de 150 empleados dentro de la nómina de Epicenter se han mostrado dispuestos a colaborar ante uno de los experimentos más horrorosos y perturbados que puede existir.

Por medio de una inserción de un minichip del tamaño de un grano de arroz, las personas pueden librarse de las tarjetas de débito y crédito. Usan su mano para hacer transferencias, acceder a pisos superiores del edificio, utilizar impresoras u obtener objetos de la máquina expendedora.

Al principio, puede parecer asombroso. Es decir, ¡no puede ser que nos encontremos tan cerca de la tecnología, a tal punto de fundirnos con ella!

Y puede que el razonamiento inicial sea algo cool, pero después, si ponemos una lupa encima del hecho, nos daremos cuenta de un hecho escalofriante.

¿Hasta dónde podríamos depender la tecnología?

¿La unión con las máquinas resultará provechosa para quién?

Y para esas preguntas que se mecen dentro de un profundo mar de incógnitas, tenemos la opinión de un experto sobre el tema.

Ben Libberton, en entrevista con el diario The Independent de Inglaterra explicó que el mismo proceso de inserción capilar es manejado por los hackers para apropiarse de la identidad de una persona.

“Los datos que podrías obtener de un chip que está incrustado en su cuerpo —añadió Libberton— son muy diferentes a los datos que puede obtener de un teléfono inteligente”.

“Desde el punto de vista conceptual, podrías obtener datos sobre su salud, sobre su paradero, la frecuencia con la que trabaja, el tiempo que está trabajando, si está tomando descansos para el baño y cosas por el estilo”.

De igual forma, una de las cosas más extrañas del asunto es que los sujetos del experimento de Epicenter se muestran entusiasmados ante la posibilidad de probar cosas nuevas.

La gente me pregunta: ‘¿Llevas el chip?’ Y respondo: ‘Sí, por qué no’. Todos se alarman por los temas de privacidad y lo que eso significa. Pero para mí solo se trata de probar cosas nuevas, de utilizarlo como un facilitador y de ver qué es lo que podría traer al futuro.

Resulta chocante ver la actitud tranquila de los trabajadores cuando alguien arrebata lo más valioso que tiene el ser humano: la identidad.