Un estudio realizado por la Dra. Hilda Chacón de la universidad Nazareth College en Rochester (New York) afirma que 3 de cada 10 norteamericanos leen literatura latinoamericana, y que de esos 3, 2 de ellos leen sobre narcotráfico y cocaína.

Aunque no se puede decir con certeza cuál sea el motivo del ‘boom’, nace una disyuntiva: ¿es la literatura latinoamericana buen gusto o simple fascinación por el monstruo de las drogas y el narcotráfico? 

Julianne Pachico -inglesa criada en Colombia y Estados Unidos- es una escritora en ciernes que con su primer libro, The Lucky Ones: A Novel, un híbrido entre novela y libro de cuentos, ha enganchado al exigente lector norteamericano.

Julianne se considera latina y sin embargo escribe en inglés. Leer The Lucky Ones: A Novel libro es encontrarse con la mixtura de nacionalidades de Pachico. Establecido en un periodo crudo de la historia colombiana entre 1993 y 2013, la historia conecta personajes que van desde una adinerada adolescente que sospecha estar a punto de ser secuestrada, hasta un profesor, ya secuestrado por la guerrilla, que recita Shakespeare a objetos de la casa, pasando por una joven emigrante colombiana que sobrevive en Nueva York traficando con coca mientras intenta estudiar diseño de moda.

Su libro sale a la luz en el momento más álgido de la literatura latinoamericana en Estados Unidos, donde cualquier producto traído de Colombia es un hype asegurado. La figura del adolescente suicida traída por Andrés Caicedo sigue dando de qué hablar en EEUU con sus ahora nuevas publicaciones en la editorial Penguin Modern Classics; la mismísima Patricia Engel es elogiada y leída incluso en las cátedras de literatura de las universidades de humanidades; y hasta el escritor odiado por muchos pero querido por otros, Fernando Vallejo, ha vendido millones en las versiones traducidas de La puta de Babilonia y La Virgen de los sicarios.

Decir que todos los autores latinos, en especial los colombianos, hablan solo de narcotráfico y pobreza sería caer en una generalización terrible. Sin embargo, con todo el auge de las narcoseries y la imagen estereotípica de Colombia con la cocaína, es comprensible llegar a pensar eso.

Pachico lo sabe, pero tiene una óptica diferente: “El peso de la cocaína en The Lucky Ones —que actúa de manera simbólica y literal como vínculo ineludible entre Colombia y la protagonista del relato—, del pasado y de la historia sangrienta de Colombia son factores de la novela que aunque suenen a cliché son parte de mi idiosincrasia, y al público les encanta. Es ese contenido exótico que el norteamericano promedio no está acostumbrado a leer.”

La historia de Pachico no es solo un contenido interesante que sacia las necesidades morbosas del angloparlante, es un libro que “ofrece una reflexión profunda y verdadera sobre la identidad colombiana, sobre la juventud, sobre el exilio y sobre la muerte.

Es obvio que la mayoría de editoriales prefieren publicar algo que está de moda, pero no es así todo el tiempo, de lo contrario no tendríamos libros sino hipervínculos hacia los canales de los youtubers más vistos alrededor del mundo.

Sea cual sea la razón de este boom, no podemos negar que su aparición en los anaqueles norteamericanos podría humanizar nuestra imagen y hasta desmitificarla.

En palabras de la mismísima Patricia Engel:

“A través de la literatura los lectores pueden identificarse con los sujetos de una manera cercana. Ese es el potencial que tenemos los escritores: utilizamos los libros para obligar a los lectores a compartir la mente de nuestros personajes y, a través de eso, los prejuicios y expectativas se rompen. La gente puede entender la situación, por ejemplo, de una hija de migrantes de forma más personal, su vida y sus dificultades.”