Hacer que la gente sea famosa para que luego podamos idolatrarlos y envidiarlos es el pasatiempo más popular del siglo XXI.  Prueba de esto es la camada de celebridades 2.0 que plaga a la web.

Frente a la cámara se les ve sueltos y sonrientes, colaborando entre ellos y con marcas. Sus canales tienen millones de suscriptores; las reproducciones de sus videos se cuentan por cientos de miles. Las frases que repiten una y otra vez en sus videos se oyen en las calles, pero ¿quiénes son estas nuevas celebridades?

Así como todos quieren ser influencers, el nuevo #goals es alcanzar la fama a través de YouTube.

Los rayos gamma que le dieron a los youtubers los poderes de Hulk no son otros que los millennials y sus smartphones. Esta generación pasa igual cantidad de tiempo, o incluso más, viendo videos cortos que programas tradicionales de televisión. Para ellos son figuras genuinamente influyentes; con las que se pueden identificar y que aún no han sido tocadas por el brazo de los pros de las relaciones públicas.  Es esta habilidad de influenciar y su cercanía con la audiencia la que hace que se posicionen como los aliados perfectos.

La revista Variety hizo una encuesta en 2014 para medir el poder de los youtubers frente a celebridades más mainstream. Los resultados quizás asombren a muchos: Las celebridades 2.0 picaron adelante en ámbitos como confiabilidad; inteligencia y habilidad para involucrar a la audiencia. El único aspecto donde hubo empate técnico fue en el sex appeal.

Pero como en el mainstream y en el mundo digital, la celebridad se alcanza por dos vías: la fama y la infamia. Empecemos por el principio: La clave de cualquier estrategia de marketing es el contenido. Evidentemente, si tu contenido es atractivo y original, tu audiencia va a crecer. ¿Podemos evaluar bajo  los mismos parámetros a alguien que se esfuerza por ofrecer contenido diferente y a otra persona que vive de los tags y el clickbait?

No es fácil innovar en un entorno tan competitivo como Youtube; pero si vas a hacer algo, hazlo bien.

Casey Neistat es un tipo que se ve que disfruta lo que hace; siempre está buscando nuevas formas de presentar su contenido. Eso se ve en los casi ocho millones de seguidores que acumula en Youtube. Es un tipo al que no vas a ver haciendo tags o gags estúpidos. Casey trabaja con un estándar de calidad súper elevado y trata temas de actualidad de forma sencilla y atractiva.

Hay gente como Olly Lennard, quien por su actividad en Philosophy Tube con videos como “Razones por las que el friendzone es una gran mentira” ha sido seleccionado para participar en NextUp; el programa de YouTube para identificar talento emergente.

También está Sascha Barboza o Sascha Fitness, como todos la conocemos. De haber empezado con productores, pasó a tomar el control de su canal. Ahora el imperio de fit de Sascha no solo cuenta con libros; ya incluye proteínas y se fortalece un video a la vez.

Ser youtuber es bueno, lucrativo y entretenido, pero no todo vale.

Hay casos de casos. Reset, por ejemplo, se metió en un lío judicial al darle a un indigente galletas rellenas de pasta de dientes y grabar lo sucedido. Por ello, la Guardia Urbana de Barcelona lo denunció ante la Fiscalía por infringir un trato degradante; menospreciando la dignidad e integridad moral de una persona con riesgo de exclusión social. Cabe destacar que el canal de Reset tiene más de un millón de seguidores y supera los diez millones de visitas al mes.

Los padres detrás del canal DaddyOFive perdieron la custodia de sus hijos debido al trato que le daban a los niños frente a las cámaras.  Del lado de acá, a La Divaza le tocó pasar un buen susto y salir de Estados Unidos con las tablas en la cabeza por bocón. También está Mariale; que a pesar de tener vallas en las autopistas de la ciudad, tiene  que hacer concursos regalando de todo para atraer más seguidores.

Reset, evidentemente, se lucra económicamente de la publicidad que se inserta en los vídeos y no le quedó otra opción sino “disculparse”. Después de que todo el asunto salió a la luz, publicó un video diciendo: “Solo pienso en jugar y hacer cosas divertidas; tengo 19 años y no soy muy maduro”.

La defensa de los creadores de contenido sigue siendo la misma: “Todo es por la comunidad”, “mis suscriptores piden eso”;“doy lo que me piden”. Es achacarle la culpa de tu mediocridad a alguien más.

Como consumidores, ¿somos culpables de que haya tanto contenido mediocre en la web?  Definitivamente.

No es necesario que te suscribas, le des me gusta o lo compartas, como dicen en cada video. Con algo tan sencillo como darle play estás validando la propuesta de estos “creadores”.