Pensábamos titular este artículo con algo simple como: “Se cagaron en la democracia de Venezuela” o algo así, pero aquí no se puede hablar de democracia, y sobre lo que no existe uno no se puede cagar.

Una cosa sí es cierta: en alguien se cagó la presidenta del CNE ayer cuando anunció la suspensión de la etapa de recolección del 20% de las firmas del electorado, necesaria para activar (ahora sí, quizá, quién sabe) el referendo revocatorio.

Busca los comentarios en las redes o ve las fotos de las protestas que empezaron a raíz del anuncio, y te darás cuenta del olor en el aire. ¿Pero en quién fue? ¿En quién se cagó?

Resultado de imagen para smell shit gif

¿Se cagó la rectora en las leyes y en la constitución? En absoluto, porque vivimos bajo unas leyes que se corresponden con las acciones que el órgano bajo su mando emprendió. Leyes donde abundan términos raros y volátiles como “traición a la patria” y que cualquiera puede interpretar a su gusto.

Tampoco podemos decir que se haya cagado en el sistema de justicia del país, porque fue ese mismo sistema el que le dio carta blanca para suspender el proceso.

Fue la sentencia de tribunales de cinco estados gobernados por el chavismo, que afirmaron que en el proceso de recolección del 1% (un escalafón burocrático e idiota de por sí) hubo irregularidades, lo que terminó de echar para atrás un proceso en el que ya no creía ni tu tía Magaly, y mira que ella no se pela una marcha.

Tampoco podemos decir que Tibisay Lucena se cagó en los políticos de la oposición, porque aunque frustró sus ambiciones de poder por ahora, tampoco eran ellos los únicos interesados en que esto se hiciera.

Total que solo queda un sitio a donde mirar, y es el menos obvio: el CNE se cagó en ti, tanto si eres de la oposición y querías un cambio, o si eres del oficialismo y querías medir la fuerza y dar legitimidad al proceso en que crees.

No somos opositores. No nos indigna que Ramos Allup o cualquier otro de la oposición no vayan a tomar “el coroto”. Mover una pieza A y poner una pieza B en su lugar no es nuestra idea de la democracia. No creemos tener una visión tan estrecha.

Lo que indigna es que un poder pueda quitarte algo que es un derecho, basándose en trabas legales para hacer afirmaciones de un fraude que ni tú, ni yo, ni el hijo bobo de tu vecino podremos confirmar nunca, porque ellos mismos han vuelto inútil la famosa contraloría social que tanto profesaban.

Pensarás que no tiene importancia. Que quizá la gente de la oposición es alarmista y que lo mejor es seguir a ver qué pasa después. Pero la mutilación de un derecho civil, bajo cualquier argumento, no es ningún juego en un país respetuoso de sus ciudadanos, y el nuestro no debería ser la excepción.

Si hubo fraude, que lo demuestren y que paguen quienes lo hicieron, pero pronto. Que no sea una excusa para demorar el proceso dándole una vuelta boba, hasta que de nada sirva hacerlo.

Hubo alguien en este país que sí entendía la importancia de un derecho de este tipo: Hugo Chavez.

Cuando en el 99 Chávez impulsó su referendo constituyente, se rumoreaba que la Corte Suprema no se lo aprobaría, a lo que él dijo:

“Si la Corte Suprema de Justicia rechaza el referéndum hablará el pueblo”. Hugo Chávez.

Un hombre que estaba claro. Un tipo que sabía, al fin y al cabo, la importancia de un derecho.

El chavismo tuvo su derecho entonces y eligió, y así también debería tener la oportunidad la oposición ahora. Por comeflor que pueda sonar, somos un mismo país y todos deberíamos tener la misma oportunidad de expresión, sin trabas de forma o de fondo.

Nuestros destinos están irremediablemente atados, y en la medida en que nos respetemos, podremos tener paz. Por eso: “No preguntes en quien se cagaron ahora: se cagaron en ti”.