La tanga hace agua la boca. Y no el material, sino lo que encierra y lo que contiene: Que es la gloria.

Ahora, superando ese arrebato de emoción pasional surge preguntarse: ¿De dónde viene?

Y para eso, y basándonos en un profunda material de investigación, vamos a tratar de responder esa pregunta.

Acompáñenos a leer esta alegre historia.

Orígen

Hagamos un viaje en el tiempo. Y detengámonos en el siglo XVI: El Descubrimiento de América; porque ahí es donde se encuentra el origen de la tanga: en las conchas marinas.

Es extraño relacionar una cosa con la otra, pero aunque no lo creas, las conchas marinas resultaron ser el padre de la tanga. 

Basándonos en la profunda y minuciosa investigación de una tal periodista llamada Ana Bergelson hay que remontarnos hasta la isla Santa d’ Or ubicada en Chile. Allí, las mujeres indígenas se cubrían sus partes privadas con conchas de varios colores.

De hecho, los colores se volvieron señales para sus esposos: Si era rojo, eso significaba que estaba dispuesta a dejarse montar como un caballo desbocado, y por blanco, por el contrario, señalaba que no estaba de humor para dejarse meter mano.

Sí, así eran la vainas.

De conchas a telas

Volviendo con el tema, ese fue el primer antecedente de la tanga. Luego, en 1640, un español, de nombre Yáñez, que se vio envuelto en un naufragio, aterrizó con su esposa, por accidente,  a la isla Santa d’ Or y le pidió a uno de los concheros que le ayudase para retomar el rumbo.

La mayor autoridad del pequeño grupo de pescadores le dijo que no había problema, pero que sin embargo tenía que darle algo a cambio. Y el náufrago español, con la mayor frustración, aceptó el requerimiento.

¿Qué era lo que le había pedido el grupo de concheros? Vamos a ver si adivinaron: Las velas de la embarcación.

Los indígenas pidieron las velas porque eran de un material nunca antes visto en la isla y las mujeres comenzaron a cortarlas en pequeños trozos de tela y a ponerselas como si fueran una pieza de vestir.

Vemos como va perfeccionándose la pieza de vestir. De las conchas marinas que utilizaban para mandar mensajes de sexo hasta los remaches de tela que utilizaron para cubrir sus partes íntimas.

¿Se acuerdan de la esposa del náufrago?

Ella se llamaba Yolanda Boccara y la ejecutaron en público por utilizar una tanga En 1660. ¿Y por qué Yolanda terminó de esa manera, bien, aquí va el cuento.

El viaje

Resulta que Yáñez y Yolanda, volvieron a tomar rumbo pero se dirigieron a Brasil. Yañez, había observado el fenómeno social que se había desatado en la isla Santa d’ Or y quiso utilizarlo a su favor.

Así que instauró el sistema de venta de las tangas junto con su esposa, utilizando telas multicolores: Rojas. Verdes. Moradas. Amarillas. De todo los colores que pudieran imaginar. Y las tangas o tongos, que fue como se comenzaron a conocer estas piezas de vestir, se hicieron muy famosas/os en ese país.

Fue tanto su fama que Yáñez quiso utilizar la tanga como material de exportación, pero eso, lamentablemente, se convirtió en el final de su existencia y de su esposa.

El navegador y ahora comerciante de telas , en compañía de Yolanda, se embarcó en un viaje hacia España, mientras esperaba que su regreso fuese como el del hijo pródigo.

Y una vez que llegó a Madrid, comenzó a hablar sobre el imperio de telas que había levantando en América.

Sus amigos, emocionados, comenzaron a preguntarle sobre el origen de su creación y les contó la historia, y luego como aperitivo final, les mostró a su mujer vistiendo la tanga.

La tragedia

Desafortunadamente, estaban en 1660 y la exhibición sin pudor de su mujer llegó a los oídos de la Santa Inquisición.

Ambos, Yáñez y Yolanda fueron arrestados y luego de un juicio en que los condenaron por “promotores de graves escándalos y “personas inmorales”, fueron sentenciados a la horca.

Era el 1 de abril de 1660, y enfrente del Palacio Real, ambos cuerpos quedaron suspendidos mientras sus cabezas se tornaban azules.

Tras 100 años, un misionero que llegó a la isla Santa d’Or apuntó en uno de sus bitácoras que “las mujeres chilenas de Santa d’Or siguen empeñadas en utilizar aquellos inmorales andrajos”.

Luego, ya saben la historia.

La tanga se modernizó, y sirvió por ejemplo para vestir a esta escultural mujer rubia que lame el tubo de stripper mientras arquea al cuerpo y apunta su trasero a la multitud.

Por eso dicen que el cine es el séptimo arte.