Continuando con el seriado que hemos preparado para ustedes, analizaremos las cuatro siguientes canciones de La Lucha: Pupitres en fuego; La luna y el sol; Mi mar, mi nada; Los heridos.

Pupitres en fuego

1, 2, 3 ¡Huh!

Una canción para alborotar las piernas y bailar hasta que duelan las articulaciones.

(Baila hasta ya que, baila hasta ya que, baila hasta que no haya razón

Baila hasta ya que, baila hasta ya que, baila hasta que no haya razón).

Un cambio discreto entre acordes, si bien es cierto que al principio podría notarse cierto parecido con algunas canciones de Café Tacuba, en el medio de la pista -1.10 – se despierta un sonido que recuerda a aquellas canciones noventeras llenas de un sabor caribeño inconfundible.

Si bien podríamos establecer una relación entre las frases (Allez!) y (Pupitres en fuego). Allez! es la expresión de ¡vamos¡ una oda al entusiasmo colectivo, infundado en los orígenes de la Revolución Francesa, y si añadimos la frase

(¡vamos a prender un pupitre en fuego!).

¿Acaso nos quedaría un potente mensaje para despertar la rebelión en el país?

La luna y el sol

El concepto de armonía que se ha manejado a lo largo del álbum es la principal razón para incrustar La luna y el sol como un respiro ante la explosiva Pupitres en Fuego. Por ende, una canción relajante después de una canción tan dinámica era necesaria.

Mi mar, ni nada.

Profundamente emotiva comparable a La Bestia del disco Será.

La lírica es impecable, cada palabra va en el sitio que es, una extrema precisión para decir tantas cosas con aplomo, pero a la vez, con mucha sensibilidad.

Una obra que dejará un recuerdo imborrable.

Los pensamientos arrecian con fuerza dentro de la mente de un hombre atormentado que espera en vano una señal que parece difuminarse con el paso del tiempo.

(Distante como amolador

callado espanto de vagón

suena el teléfono, suena el teléfono, suena el teléfono

ahorcándome sin un cordón).

El miedo seduce al hombre cuando pierde toda la esperanza, aunque el recuerdo de la presencia sigue intacto.

(Ya yo no quiero vivir más así

tampoco espero que sea mejor

caer en cuenta que siempre estuviste allí

cual jacaranda en un callejón).

 Se encuentra condenado ante su insistente espera.

(Una fantasma ilusión,

una cadena al corazón,

gritaba mi teléfono, gritaba mi teléfono, gritaba mi teléfono,

buscándome y no me encontró).

La tormenta se convirtió en un tsunami de pensamientos que lo hundió dentro de las profundas aguas del nihilismo, y acepto, inevitablemente, su muerte.

(El día que no exista habrá muerto un disparate).

Los heridos

Se divide en dos historias diferentes.

Reincide el concepto de la armonía. Los Heridos es una canción que repone todas las fuerzas que Mi Mar, mi nada nos quitó. ¡Arriba, arriba, arriba!

Por una parte, una celebración rodea la siguiente canción de La Lucha.

(La gente se chapotea y busca algo de beber)

Y por otra, es una fulminante crítica  a la desunión tan pronunciada que últimamente se ha observado en el mundo, pero también entre la fricción social que se ha producido entre los ciudadanos de un mismo país que se encuentra paralizado por culpa de una ideología podrida.

(Que si el norte odia al sur,

que si el oeste odia este).

Hemos salido heridos de este enredado panorama político. Los heridos somos nosotros. Los heridos vivimos en Venezuela.