Hola, me llamo Carlos David. Tengo 25 años, estudiante del 8vo semestre de Ingeniería Geofísica en la Universidad Central de Venezuela, y soy positivo en muchos aspectos…

Desde hace varios años decidí ser una persona libre e independiente, también opté por labrar mi camino sin la ayuda de familiares, pero ha sido bastante difícil, no supuse que la libertad me generaría tantos problemas, ni que el estar solo me cruzaría tantos recuerdos y sentimientos.

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Sonará irónico porque soy una persona joven, pero muchas veces siento que estoy cansado de la vida. Cansado de “vivir viviendo”. Cansado de los atropellos constantes que se viven en este país llamado Venezuela. Cansado de que la sociedad “moderna” y “posmoderna”  juzgue sin permitirse ver un poco más allá de las cosas que se le presentan.

Hay situaciones, momentos y acciones por parte de terceros que sin tú querer permitirlo te afectan, pero bueno, se llega al punto donde crees poder controlarlas y mantener tu cara bien en alto.

A mis 19 años fui diagnosticado con el “padecimiento de los 80”, esa enfermedad que muchísima gente aún cree que con un cálido abrazo o sencillamente estrechando las manos puede ser contagiado, o tal vez con una conversación directa porque puede salpicarle un poco de saliva en un ojo. Patología que presenta Magic Jhonson, Charlie Sheen, entre otros. ¡Sí, tengo VIH! Y no es que me llene de orgullo.

Cuando el mundo se me vino encima

Les haré breve el cuento. Todo inició el día en que comenzaron a molestarme las muelas del juicio y decidí pautar una cita con el cirujano maxilofacial para que las sacara, pero antes debía llevarle una serie de exámenes de laboratorio, por lo que a las 24 horas siguientes fui a realizármelos. Entre los requerimientos del médico no estaba la serología, pero por rutina decidí practicármelos de igual forma.

Al momento de ir a buscar los resultados me sentí bastante extraño, el personal del laboratorio me veía de una manera despectiva, una mezcla de asco y lástima, de odio y temor. Supuse que algo estaba mal pero jamás pensé que esos análisis me darían tal bofetada: VIH positivo.

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Mi reacción fue de impacto. Se me erizó cada centímetro de piel, mi cuerpo comenzó a temblar a una alta escala de Richter, mis manos se sentían como una cordillera de la Antártida y mis ojos emitieron un torrencial aguacero de lágrimas.

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¿Ahora qué voy a hacer?

La idea de suicidarme nunca pasó por mi mente, a pesar de estar tan niño y recibir esa noticia tan fuerte no pensé en la muerte como solución. A pesar de todos los comentarios negativos, inhumanos y horribles que alguna vez escuché sobre los seropositivos, no aceptaba la muerte como alternativa de “vida”.

¿Qué pensará mi mamá? ¿Y mi papá? Hmmm, están tan ocupados en sus asuntos laborales como para ahora mortificarlos con esto. ¿”Mis amigos”? Seguramente me juzgarán sin tan siquiera haberles contado todo con cada detalle.

Me enfermé con todo lo que leí en internet, ponerme a buscar información por esa vía fue lo peor que pude hacer y no pude dormir por al menos unos 5 días seguidos. “Muerte, muerte, muerte, muerte”, “te queda una semana de vida”, “eso te pasa por promiscuo”, era lo que más pude leer en la web.

Lo mejor fue ir al infectólogo, él me dejó bastante claro que no me iba a morir por tener VIH, que en la actualidad existía una serie de tratamientos que me ayudarían a estar bien, a llevar una vida con completa normalidad y estabilidad. Hasta ahora no he requerido de los antiretrovirales, porque tengo mis valores en óptimas condiciones. Hago ejercicios, como sano y nutro mi mente de cosas positivas.

¿Una vida con completa normalidad y estabilidad?

¡Eso no es aquí en Venezuela! Primero, no hay antiretrovirales para controlar el virus. Aunque tampoco hay las que manejan la tensión, ni las bombitas que alivian el asma… En realidad esto es un caos. Prendes la tv y en los noticieros la gente pide con urgencia hasta una pastilla para el dolor de cabeza porque no se encuentran a la ligera.

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Segundo, es difícil conseguir preservativos para no propagar la enfermedad, por lo que las personas deberían mantenerse en abstinencia –muy recomendable-. Tercero, es prácticamente imposible quedar en un empleo.

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Aquí existe una “Ley de Protección de Personas con VIH y sus Familiares“, sin embargo para poder ingresar a un empleo te hacen una serie de exámenes médicos y quieren averiguar hasta si tienes gripe, cosa que está completamente “prohibida”, pero como todo en este país es violado, sencillamente les vale mierda.

¡Si supieran como conseguí trabajo! Luego de ser rechazado en muchas empresas por ser seropositivo, opté por la vía alterna. Si en este país se violan derechos y se incumplen “leyes”, ¿por qué yo, Carlos David Arrieta, no puede jugar “vivo”?

Hablé con mi primo Jesús, la persona en que más he confiado en la vida -además de la mala persona que me contagió-, lo puse al tanto con la situación, me apoyó y decidió ayudarme. La cosa fue que se hizo pasar por mí cuando tocó realizarme los exámenes sanguíneos, nadie se dio cuenta y ahora estoy feliz produciendo como una persona “normal”.

¿Cuándo irá a cambiar este país en retroceso? ¿Cuándo todos avanzaremos por igual? ¿Cuándo la impunidad acabará? ¡Parece que falta mucho! Cada vez nos hundimos más en la miseria humana y en la intolerancia.

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Me siento bien conmigo mismo, no le hago daño a nadie, pero seguramente si la situación de Venezuela fuera distinta, a todos los positivos nos iría de maravilla, como sucede en la mayoría de los países del mundo.

 

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