¿Te has dado cuenta de  que cada vez es más difícil hacer un chiste o un comentario sin ofender a nadie? Bueno, eso es culpa de la dictadura de lo “políticamente correcto”. ¿Por qué? Empecemos por el principio.

La idea detrás del lenguaje políticamente correcto implica minimizar la posibilidad de ofensa hacia grupos étnicos, culturales o religiosos en cualquier manifestación de lenguaje. El término apareció por primera vez entre los círculos comunistas de Estados Unidos en algún lugar de la década de los 30 y desde entonces ha pasado por los nazis hasta las feministas y progresistas de hoy.

La pregunta importante detrás de este artículo es ¿realmente podemos comunicarnos sin ofender a nadie?

La respuesta más simple es decir que no. La complicada y más interesante implica cosas como la libertad de expresión y pensamiento. Una idea, la que sea, tiene dos audiencias: quienes la aman y quienes la odian. Entonces, es obvio que siempre va a haber alguien que se sienta ofendido, no importa el contenido del mensaje. Así tengas las mejores intenciones, es muy probable que tu mensaje sea secuestrado por la policía del pensamiento y convertido en un monstruo totalmente distinto.

Entonces, antes de hablar o escribir no solo hay que tener en cuenta a tus posibles detractores sino a todas las personas que pudiesen sentirse ofendidas por lo que sea que quieres decir. Osea, que el primer eslabón de la cadena de censura de lo políticamente correcto eres tú mismo… Chimbo, ¿no?

La puesta en boga de lo políticamente correcto ha ubicado bajo los reflectores a las minorías: En la actualidad, hablar de características tan básicas como el color de tu piel, preferencia sexual o género puede ser considerado políticamente incorrectas por algunos. Entonces, este nuevo set de reglas para comunicarse ha dado cabida a cuanto eufemismo existe. Algunos se han convertido en chiste nacional, ¿o vas a negar que te pareció ridículo que el gobierno intentara implantar el término “afrodescendiente” para referirse a personas de color? Nadie en los 916 445 km² de Venezuela saluda a sus panas con un “¡qué pasó, mi afrodescendiente!”.

Lamentablemente, las minorías tienen un rol protagónico en la sociedad actual. Ven, eso es una oración políticamente incorrecta, pero ahora les explico el por qué detrás de esa afirmación.

Si desde un principio la lucha hubiese sido por los derechos universales e inalienables del individuo,  las minorías no existirían. Punto.  ¿Eres una mujer atea, liberal, negra y homosexual? ¡Perfecto! Tienes los mismos derechos y deberes de un hombre católico de derecha, blanco y heterosexual.

¿Ven que no es tan complicado?

Además, esta solución salomónica acabaría con el montón de eufemismos que han sido creados por el temor de ofender al otro.  Lo importante aquí es reiterar dos cosas. Uno: Ningún extremo –en el contexto que sea– es bueno. Dos: Lastimosamente, las minorías existen. Pero aún estamos a tiempo de eliminarlas si apostamos a reivindicar los derechos del individuo. Total, al final la idea es que todo individuo tenga los mismos derechos, ¿no?

¿Hasta ahora todo claro? Perfecto. Ahora vamos al otro lado de la corrección política.

En una sociedad tan mediatizada como la nuestra hay mucho gurú barato que dice que “lo importante no es que hablen bien o mal de ti, sino que hablen”.  Pues no. Si van a hablar de uno que lo hagan por las razones que son. Con esto no propongo que seamos todos mansos corderitos: La libertad de expresión existe y es completamente válido que cada quien tiene una opinión. Fijémonos en el caso del video de La Pulla. Está bien que quieras hacerte eco de la actualidad venezolana. Es genial que hayan invitado a una venezolana a ser la contraparte de la chica que hace de ancla en el espacio, ¡pero pana! ¿En ese equipo no había nadie que revisara ese guion?

Si el objetivo era que la gente hablara del condenado videíto, sin importar el contenido de los comentarios, lo lograron con creces. Ahora, si lo que buscaban era generar una conversación medianamente inteligente con sus interlocutores, se poncharon con una recta al plato. Otro que quiso dárselas de controversial, polémico y políticamente incorrecto, pero salió con las tablas en la cabeza: Breinel Zambrano, alias “La Titi”.

Como no queremos que nos tilden de haters, vamos a hablar de gente que sabe hacer las cosas bien. Gente como Bill Maher, un ateo liberal, que ha hecho de lo políticamente incorrecto parte indispensable –y rentable– de su marca.

¿El tipo es controversial? Si. ¿Ácido y con un sentido del humor un poco retorcido? Obviamente. Pero nada de eso ha sido obstáculo para que el tipo se haya convertido en una figura polarizante y con bastante audiencia en los Estados Unidos. Empecemos por el hecho de que el pana tiene más de ocho millones de seguidores en Twitter, aparte conduce un late night en HBO que va por la temporada 15, los libros que escribe son bestsellers, hace documentales y rutinas de stand-up que le han ganado un lugar en el conteo más reciente de Rolling Stone sobre los mejores comediantes del momento.

¿Moraleja? Déjate de falsos moralismos y se atrévete a ser políticamente incorrecto. ¿Qué alguien se va a ofender? Es más que probable, pero eso no quiere decir que tenga razón.