Dos noches, siete muertos. Ciento sesenta y nueve puñaladas, siete disparos calibre .22 y tres palabras: “Pig” y “Helter Skelter” fue todo lo que necesitó Charles Manson para establecerse como uno de los referentes culturales más grandes de los últimos cincuenta años.

La masacre en la casa de los Polanski fue el tiro de gracia que acabó con el sueño hippie. Bastó que la personalidad magnética de Manson apareciera en la palestra acompañada por su culto para que se hiciera notar

Manson fue la mente que orquestó los asesinatos y el titiritero que movió las cuerdas para que ocurrieran; pero no se ensució las manos. Las sangrientas matanzas del 8 y 9 de agosto de 1969, dejaron siete muertos, entre ellos Sharon Tate, esposa del cineasta Roman Polanski que estaba a solo semanas de dar a luz, la socialité Abigail Folger y los esposos Leno y Rosemary LaBianca.

Cuando lo llevaron al estrado, abrió su participación diciendo “créanme, si yo empiezo a matar gente, no quedaría ni uno”. Charles Manson se declaró culpable de ser el líder intelectual de la secta, y toda la “familia” fue sentenciada a pena de muerte, cosa que cambiaría a cadena perpetua con la nueva legislación.

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Charles Manson fue un psicópata, un manipulador de marca mayor; un monstruo despreciable que se convirtió en lo más cercano al rostro del mal para la sociedad del momento. Una vez que logró establecerse en el imaginario colectivo, Manson fue absorbido por el voraz apetito de la cultura pop y en el ínterin dejó a su paso un mar de canciones, fotos icónicas y camisetas. Su rostro barbudo y de cabellos largos se convirtió en un ícono del mal, rol que solo ha sido perpetuado en películas, libros y series como Live Freaky! Die Freaky!, The Girls,  American Horror Story o South Park.

 

Según información del diario El País, el asesino fue hospitalizado en enero para ser operado por lesiones inestinales y una hemorragia interna, pero se mostraba demasiado débil para ello y se le envió de nuevo a prisión. Finalmente falleció en el hospital Mercy de Bakersfield.

Charles Manson, el hombre, murió. Pero gracias a los poderes inmortalizadores de la cultura pop, su mito vivirá por siempre.