Nazismo y chavismo.


Como dijimos aquella vez, hace algunos días: la música es la piedra en el zapato de la dictadura.

Y si aquella vez, hablamos sobre el fenómeno del rock en días de dictaduraen esta ocasión vamos a tratar sobre un tema que está tangencialmente relacionado.

Videla, Castro y cualquier hombre que subiera al poder con pretensiones perpetuas de quedarse en el poder, siguen un guión que los precede.

Y para encontrar el hombre que escribió el guión, hay que remontarnos hasta la Alemania de 1930.

Nazismo 

Durante el reinado metálico del III Reich, se observó una manipulación nunca antes vista de los medios: Joseph Goebells quizá fue uno de los pioneros de la propaganda, y también, el tío de la publicidad.

Lo cierto era que sus ideas resultaban eficaces y exitosas para que el aparato político nacional-socialista se fuese apoderando lentamente de la mente de los alemanes.

Precisamente, una de sus ideas más comentadas por los sociólogos de la historia mundial, fue condenar el arte que estaba en contra de sus principios.

Sucedió en 1937. Y se le llamó Arte Degenerado/ Entartete Musik.

En un gran salón decidieron reunir todos las creaciones de música judías como las composiciones musicales de Handel –en su obra Zadok The Priest se basaron para componer el himno de la Champions League-.

Además de satanizar las sinfonías de Gustav Mahler, Walter Braunfels y Kurt Weill, músicos judíos populares e influyentes en su tiempo, enfilaron contra los creadores del jazz.

Así que dentro de la exposición Arte Degenerado/ Entartete Musik también tuvieron palabras de “amor” hacia ese género músical.

El curador o ponente de la exposición se llamaba Adolf Ziegler. Este hombre bribón, ignorante y nazi -todo un cúmulo de “virtudes”- sostenía que el jazz había sido una creación de negros y que por lo tanto la raza aria no podía rebajarse a escuchar música creada por los afroamericanos.

Ziegler tampoco se olvidó de atacar la música modernista. Las obras de Paul Hindemith, Alban Berg y Anton Webern fueron prohibidas y se lanzó una orden de captura contra los músicos. Terminaron su días en el amargo exilio.

Pero al menos vivieron.

Viktor Ullman y Erwing Schulhoff se pudrieron en Austcwithz.

Chavismo

Cualquiera que no venda el alma a su filas es un enemigo. No respeta límites. Y también como el nazismo, ha condenado la música.

Este chico, Wuilly Arteaga, es una muestra.

Arteaga ha protestado siempre de manera pacífica en las protestas que se han hecho en Caracas. Y siempre lo había hecho con su violín. Hasta el 24 de mayo de 2017.

Ese día, mientras el muchacho tocaba su instrumento musical, un par de GNB se lo arrancaron de las manos y lo destrozaron: rompieron las cuerdas blancas y lo dejaron inservible. Así opera el régimen: trata de condicionar con el miedo.

También le robaron el celular.

El chamo publicó el hecho y se volvió viral en las redes sociales De inmediato, miles de personas comenzaron a difundir la información. Al poco tiempo, Arteaga tenía un nuevo violín para seguir tocando.

Y por un tiempo, la GNB lo dejó en paz.

El 27 de julio, Willy Arteaga se encontraba tocando en la avenida Libertador en Caracas cuando fue abordado por efectivos de la GNB.

Alfredo Romero, director ejecutivo del Foro Penal Venezolano, cuenta que Arteaga fue maltratado después de su detención.

Willy fue maltratado por la Guardia Nacional Bolivariana. Le quemaron varias hebras de su cabello con un encendedor y un golpe en el oído derecho le está afectando su audición“.

Actualmente, Arteaga continúa en prisión.

Así funciona la sinfonía del odio: La crueldad es su inspiración y la violencia su forma de expresión.