En los tiempos que corren, pensar en salir de casa sin tu Smartphone puede causar que empieces a sudar frío.  Pero si aparte de esa sensación de que te falta una mano, sientes otras cosas ansiedad o taquicardia es probable que sufras de Nomofobia.

El término Nomofobia viene de la frase en inglés “no mobile phobia”; que se traduce textualmente a  fobia a no tener teléfono móvil. Esta enfermedad del siglo XXI afecta a jóvenes y adultos por igual, pues ambos bandos han desarrollado una relación cualquier cosa menos sana con nuestros teléfonos inteligentes.

De acuerdo a un estudio hecho en India en 2010 y publicado en el Journal de Medicina Comunitaria de la India que incluyó a 200 estudiantes de medicina y académicos, aproximadamente uno de cada cinco eran nomofóbicos. El estudio afirma que el teléfono móvil se ha convertido en “una necesidad debido a los beneficios innumerables que brinda; como diario personal, para enviar correo electrónico, calculadora, reproductor de video juego, cámara y reproductor de música”.

 

Toda fobia es una manifestación de los conflictos internos de cada quien; estos son expresados a través de algún tipo de manifestación emocional. En el caso de la nomofobia no solo hablamos de daños emocionales, también hay daños físicos; el uso prolongado de smartphones y mantener la cabeza inclinada por tanto tiempo,  es una de las primeras causas de lesión en el cuello.

Con el desarrollo masivo de la tecnología y nuestros niveles de dependencia hemos visto nacer estas nuevas fobias; pero ¿cómo determinamos cuál es el punto de quiebre? Cuando el mundo virtual comienza a interferir en el ámbito real. De un día para otro pierdes el control y tus Instagram Stories empiezan a parecer una costura a fuerza de publicaciones periódicas.

 

Cuando se trata de un aparato que se ha convertido en nuestra mano derecha, la moderación es difícil de alcanzar.

Sin embargo, cuando una persona usa mucho las tecnologías no necesariamente quiere decir que es dependiente. Lo es solamente cuando las usa de forma exagerada.

Mientras la nomofobia es todavía un tema relativamente nuevo en algunas latitudes, en Corea del Sur, Japón o China ya consideran esa dependencia como un problema de salud pública. ¿Será que estamos frente a la epidemia más violenta del siglo y aún no nos hemos dado cuenta?