Paola.

Se llamaba Paola Ramírez. Tenía 23 años. Dos tiros se alojaron en su costado. Residentes de los alrededores de la plaza San Carlos, expresaron con profundo dolor, que Paola alzó las manos al aire, antes de caer fulminada en el asfalto.

El crimen de una persona es una pérdida irreparable y el dolor lo asumirán cada uno de sus familiares con estoicismo. Eso está claro. Sin embargo, el asunto se vuelve un tanto difuso.

Diosdado propuso otra versión de los hechos. “La versión oficial”, como la bautizó, a esos de las 11.08pm, en su programa Con el mazo dando.

Miraba fijamente a la cámara con una sonrisa retorcida y sostenía entre sus manos un bate marrón que parece sacado de la época de las cavernas.

El dirigente político reveló que el presunto asesino de la joven se llama Iván Pernía y era miembro del partido político Vente Venezuela. Miembros de Vente Venezuela se encargarían hoy de desmentir la presunta vinculación.

El hombre había efectuado más de 25 disparos para dispersar a los colectivos que estaban deambulando por las inmediaciones de la zona y por equivocación propinó las dos detonaciones que cegaron la vida de Paola.

El asesino “oficial” yace detenido en los calabozos del Centro de investigaciones científicas, penales y criminalísticas. Cabello afirmó que Pernía ya había confesado.

En ese momento, se desató la conmoción.

Incluso, varios periódicos que manejaban la hipótesis de los colectivos como autores del crimen, no salieron de su asombro.

Bien se sabe que el periodista apela a la versión de los hechos para articular la noticia. Sin embargo, las autoridades del Estado han enfilado contra los diarios que se hicieron eco del suceso.

Ramón Cabeza, secretario de seguridad ciudadana, en rueda de prensa, denunció la conducta poco adecuada de los medios de comunicación, insistiendo que el periodista y el encargado de la publicación habían cometido un delito y serían visitados por la Fiscalía.

Otra muestra más de la dosis amarga de censura que existe en el país.

Lo cierto es que las teorías acerca del asesinato de Paola Ramírez no pretenden esclarecer el hecho.

La primera, extraída de un video de vigilancia que está rodando por Twitter, muestra a la víctima y uno de los presuntos culpables. Paola vestía una franela blanca y un mono azul. Una caravana de motorizados encapuchados pasa muy cerca de ella, y justo unos segundos después, la mujer se desploma en la calle.

Acá se abre una interrogante:

-1. La calidad del video: Las imágenes son completamente borrosas, y no se puede advertir la presencia de un posible impacto de fuego por parte de los colectivos.

La segunda, declaración “oficial” de Cabello parece acorde. De igual forma, Reverol, ministro de Interior y Paz ya confirmó que iban a imputar al presunto asesino.

Sin embargo, hay que desmenuzar con profundidad el problema, y no ver el efecto colateral del hecho en cuestión.

Si bien es cierto que Iván Pernía reúne todas las papeletas para erigirse como el principal culpable, se deben analizar las características de fondo.

Los colectivos estaban allí porque estaban asustando a la gente, ya que, como recordarán tienen licencia para matar. Pero también varios de ellos, que según testigos eran 60 hombres en motos, trataron de ingresar a varias casas de la zona.

Uno de los testigos, comentó, que el grupo de motorizados irrumpieron en una vivienda,  para robarse un televisor, un CPU de computadoras y un DVD. Partieron los vidrios de algunas habitaciones, y desvalijaron un Corolla, año 1997.

Yanes Figueredo, comandante de la Zodi-Táchira piensa de otra manera y así lo dejó reflejado en una de sus tweets. “Son asociaciones, son comunidad, son pueblo que está en sus labores normales“.

Debe ser que las “labores normales” de los ciudadanos de una ciudad sean desvalijar carros, partir vidrios y saquear aparatos electrónicos de una vivienda.

Debe ser que los habitantes de Puente Real siendo amenazados a punta de pistola por los colectivos creyeron que estaban en “labores normales”.

Si los colectivos no hubieran estado en sus “labores normales” de trabajo, Paola no hubiese muerto, porque Iván Pernía, no hubiese tenido ninguna razón lógica para efectuar los disparos.

Una vez más, el muerto irá a las espaldas del maligno bigotón que se la pasa bailando salsa, y durmiendo como un bebé. Cagado.