Una de los mayores desgracias del siglo XXI ha sido la contaminación.

El Gobierno de Pekín viven en una constante alarma a causa de los niveles que ha alcanzado la polución atmosférica; teniendo que recurrir a la creación de la primera policía ambiental para que ayude a vigilar y sancionar cuando se practique actividades como: parrillas caseras, e incineración de basura.

Las decisiones de crear una policía ambiental son de naturaleza radical, es decir, algo tan común como el disfrute al aire libre de una suculenta y deliciosa barbacoa, ¿podría verse eclipsada por una simple regulación política?

El alcalde de la ciudad, Cai Qui, sostiene que los problemas que atraviesa la metrópoli se deben en parte a una débil regulación de ley y a una supervisión negligente, así que de forma elegante, Qui se desentiende del problema poniéndolo en manos de los pekineses; tanto civiles como efectivos policiales.

No obstante, el asunto pretende resolverse por otras vías en relación al próximo paquete de medidas ambientales en donde se habla de clausurar la principal fábrica de carbón, además de cerrar otras 500 plantas que manejan agentes contaminantes.

¿Será esta medida suficiente para erradicar por completo la contaminación o solo quedará en la lista extensa de opciones que ha desplegado el Gobierno chino para confrontar sin éxito la polución?