Impelable la columna de Por Puesto de esta semana

Por Alicia Hernández / @Por_Puesto

 

Metro de Madrid. Verano. 40 grados fuera, 39 dentro. Sudor concentrado en hora punta. Pero, cada vez que el suburbano para en cada estación: el alivio. Ese pequeño soplo de aire prefabricadamente fresco que entra y recorre las piernas al aire, desnudas, y se cuela traviesillo por debajo de la falda. De la mía y de la de todas las mujeres que van dentro. Porque es verano. Y las faldas, aunque no entienden de estaciones, viven en esta época todo su esplendor de colores, vuelos y volantes.

Metro de Caracas. Llueve o no. 30 grados fuera. Dentro, dependerá de si ese día hay aire acondicionado o no. Sudor concentrado, pero con tufillo a colonia, talco y desodorante de spray –cuando se encontraba, claro-, en hora pico. Para en una estación: empujones, más calor. Calor y más calor. Y miro a mi alrededor y ¡oh, sorpresa! Soy la única mujer que lleva falda. En un país en el que es verano eterno.

Se me ocurre preguntar en Twitter a las mujeres venezolanas: ¿Usas falda o vestido normalmente? La mayoría de las que me contestaban que sí me decían que suelen usar transporte privado. Las que me decían que no, me contestaban por qué. Algunas de las respuestas:

– No, andando sola en la calle menos. Con la cantidad de sádicos que hay en la calle nada de eso.

– No, porque tolerar atrevidos en la calle no es fácil. Además, si me toca correr una falda no es cómoda.

– Solo si salgo con mi esposo o en ocasiones especiales, por miedo. Aquí piensan que te arreglas para provocar.

-No, no me siento muy cómoda ni muy segura usándolas. Los “piropos” de los venezolanos serían acoso sexual en cualquier otro país.

– Además del miedo a que algún hombre se sobrepase, también se suma lo sucio que se encuentra el transporte público.

– Sin ese factor de incomodidad/temor lo haría.

– Una vez me dijeron algo tan desagradable que casi lloré, me da miedo que pueda suceder algo peor.

– A mi vecina la etiquetaron de “puta” porque un borracho le metió la mano por debajo de la falda.E l problema no fue él, sino ella.

– Ni de broma. Los hombres de este país son muy falta de respeto y abusadores.

– Hace poco regalé todas mis faldas… Aqui en Vzla no puedes usarlas… Corres peligro.

– Pero ya no me arreglo para andar por la calle, ni ando mostrando mucho. Prefiero look de pataenelsuelo, fea y/o varoncito.

Además de la violencia “común” que, por desgracia, se ha incrementado en estos meses, las mujeres venezolanas viven otra violencia “permitida socialmente” que se verbaliza en piropos que van desde lo suave -mami, eso sí está bello-, hasta los más groseros, que por ese mismo motivo no reproduciré aquí.

Por lo que me comentaban en Twitter, me dicen las mujeres de la vida no virtual y lo que veo en el metro y en la calle, realmente no ponerse falda o vestido es una opción para pasar desapercibida, no ser señalada, no ser diferente. Y se ha conseguido. Ver una falda en la calle es una rareza. Y a la que las lleva, se les puede llegar a señalar: rara, atrevida, osada, puta, buscona, exhibicionista…

¿Y si empezamos a reclamar nuestro espacio? ¿Y si hacemos que no sea raro ver en la calle a una mujer con falda? ¿Y si a cada uno que nos grite una osadía le decimos “mi falda no es corta, lo es tu educación”? ¿Y si hacemos una revolución silente de faralaos, vuelos, lunares, flores y colores?