La columna de Por Puesto de esta semana habla de aceptaciones a medias: ¿pro gay a medias?

Por Alicia Hernández / @Por_Puesto

 

Sí, soy una alta maniática de los ruidos. Hay unos que no soporto y a los que aún, confieso, no me he adaptado en Venezuela: los ruidos de la gente en el cine. No me refiero a la gente comiendo palomitas (cotufas) o tomando su refresco –aunque algunos, de verdad, se pasan-. Hay otras manifestaciones que son mucho más molestas.

¿Qué será?

Los “ay”. Pero no un “ay” normal de emoción porque el protagonista se encontró a su pareja con otra persona o el “ay” porque alguien se muere. Ni siquiera el “ay” de “ojalá eso me pasara a mí”. Es un “ay” más perverso y que no había escuchado antes en un cine.
Lo escuché por primera vez en una película española que vi en el Celarg. Fue en el momento en el que dos personajes se daban un beso. Eran dos hombres. Se escucharon incluso comentarios que no voy a repetir. Pensé que era el cine, las circunstancias, quién sabe. Mal por mí y mis prejuicios.

Al poco, iba a una obra de teatro en una sala “del Este”. Era sobre Oscar Wilde. En una escena, el actor que interpretaba a Wilde (Javier Vidal), está sentado y su amante se acerca a la comisura de los labios, le da un beso y quedan así, unidos rostro con rostro. Me interrumpieron esa imagen, hermosa, llena de lírica, con una luz espectacular, cuando varias personas en el público lo dijeron: “aaaaay”. Más bajito, entre susurros y cuchicheos, pero igual de inconveniente.

También cuando “El Chacal”Edgar Ramírez– en una pelea a vida o muerte con otro terrorista, ambos quedan espalda contra pecho. También cuando el niño de “Pelo Malo” canta o se quiere alisar el cabello.

Demasiadas veces escuchando ese “ay” que aún no entiendo y que no quiero entender. Y que, puede ser, venga de la misma gente que te dice, en un alarde de lo que ellos creen modernismo, “yo tengo amigos gay”, “sí, yo estoy súper de acuerdo con los gays”…

“Pero que no se besen delante de mí”.